Guerra abierta entre Hermandades y comerciantes de túnicas

Más túnicas en la calle, menos ventas en el mostrador.
Foto: Hermandad de la Esperanza de Triana

Las cifras no mienten: las nóminas de hermanos que realizan estación de penitencia están en máximos históricos. Sin embargo, tras el resplandor de los cirios y el movimiento de las capas, se esconde una realidad que quema en las manos de los comerciantes tradicionales: el negocio del hábito nazareno se está transformando, y no precisamente a favor del taller de barrio.

Durante décadas, el crecimiento de una hermandad era sinónimo de prosperidad para los comercios textiles. Hoy, ese vínculo se ha roto. José Ramón Martínez, cuya tienda en la Puerta de Carmona es un emblema desde 1921, resume la situación con una frase demoledora: «Hay más nazarenos, pero menos clientes».

El motivo es un cambio estructural en el mercado cofrade. Las propias hermandades y corporaciones, a través de sus mayordomías y bolsas de caridad, han pasado de ser clientes a ser competidores directos. Al importar productos de mercados como China o Marruecos, ofrecen precios con los que el artesano local, que paga impuestos y salarios en España, simplemente no puede competir.

El sector no se rinde. Los profesionales defienden que una túnica artesanal no es un gasto, sino una herencia. Mientras que la producción masiva busca la inmediatez, el taller tradicional apuesta por prendas que acompañen al joven durante décadas, adaptándose a su crecimiento y resistiendo el paso del tiempo.

«No es competencia entre nosotros; compartimos costes de materia prima y nos llevamos bien. El problema es que las reglas del juego han cambiado».

El siguiente paso: La Unión. Ante la fragilidad del tejido comercial, los dueños de estos establecimientos históricos ya plantean la creación de una asociación sectorial. El objetivo es claro: defender el modelo artesanal frente a la irrupción de proveedores externos y articular una respuesta conjunta ante las hermandades.

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