Por Juan Rodríguez.

La Semana Santa de un fotógrafo, es una de las muchas y variadas visiones, que podemos tener de la semana grande de la ciudad. Pero el fotógrafo percibe una serie de detalles o aspectos, que a día de hoy, hay que saber poner en valor y darle su importancia, porque estamos llegando a un punto, de que entre en peligro de extinción. La Semana Santa de Sevilla, la han contado las crónicas de las épocas y desde que llegó la fotografía, esos mismos artículos venían acompañados de una imagen, que muchas veces decían más que el propio texto, por la cantidad de detalles y matices que transmitían.
Vivimos en una sociedad, donde la inmediatez, no nos deja disfrutar de instantes que pasan al cajón del olvido y todo, por esa forma de consumir a una velocidad fugaz. La fotografía siempre tuvo la virtud, de parar el tiempo de un instante y que ese instante se hiciera eterno, pero estamos consiguiendo que poco a poco, esos instantes desaparezcan, sino le damos su sitio, a los que durante muchas décadas, nos han contado la Semana Santa.
Yo me pregunto si hoy en día vivieran Haretón, Albarrán o Fernand ¿qué habríamos perdido por esa falta de tiempo y de mesura, para dejarlos trabajar? Pues eso pasa hoy en día en nuestras cofradías, que al fotógrafo no se le deja trabajar como se merece.
Venimos de una Semana Santa maravillosa en lo climatológico, con algo de dureza del sol en algunos días, pero por supuesto mejor sol que la lluvia. Una semana con cortejos interminables en algunas Hermandades, con más señales que esquinas y a veces más aforamientos que personas. Una semana, donde al fotógrafo se le ponen mil pegas para captar el instante, pero luego, bien que se busca al fotógrafo para que nos ceda las imágenes para el boletín o anuario de turno (y por supuesto de gratis).
Sabemos que la Semana Santa actual, no tiene nada que ver con la del siglo pasado, donde el público ve las cofradías a través de una pantalla, grabando un video que luego quedará guardado en una nube y no lo volverás a ver, pero esas pantallas iluminadas, ya forman parte del panorama de esta sociedad y con ellas tenemos que convivir los fotógrafos, pero lo que no se puede permitir, que al fotógrafo se le trate de manera indecorosa en algunas Hermandades y luego, al que graba con un móvil, para un vídeo random de Instagram, le pongas una alfombra roja para campar a sus anchas.
Por suerte para el fotógrafo, siempre nos quedarán los barrios y esos centenares de lugares para contar historias o esos pequeños rescoldos del casco histórico, para captar ese momento que nadie antes vio, pero las Hermandades y las personas que forman parte de ellas, deben de aprender a saber cuidar al que durante tantos años, siempre ha estado al lado de las mismas y que con su trabajo, han engrandecido a la propia Semana Santa y a la Ciudad.










