La única que era seca no es la Ley – Minión Capillita

Hola amig@s. ¿Qué tal? Al parecer ya podemos salirnos de la fila en la Madrugá e ir al servicio. Gracias a esta decisión me ahorraré un buen dinero en pañales para poder hacer mi estación de penitencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El caso de la famosa “Ley Seca” impulsada por el Ayuntamiento de Sevilla en la pasada Semana Santa viene a confirmar el conocido refrán de que “al final pagan justos por pecadores”. Según los señores de la corbata, que por cierto ven los toros desde la barrera, es decir, que se pasan los siete días de nuestra Semana Santa de balcón en balcón, de trono en trono y tiro porque me toca. Ahora una fotito, luego un saludito y acabamos con un canasta en una mano y una lonchita de Guijuelo en la otra. Y encima son ellos los que se creen con la potestad de determinar de cómo debe ser Sevilla en la noche más importante del año. ¡Venga ya!

El año pasado, todos los bares del Casco Histórico de la ciudad estaban cerrados durante la Madrugá. Es cierto que es coherente suprimir los veladores de aquellos puntos por los que vaya a transitar una cofradía, especialmente si hablamos de calles estrechas. Es cierto que la videovigilancia es un acierto, e incluso el vallado. Pero en el aforamiento y en la “Ley Seca” han metido la gamba…todas las que se han comido años atrás…pues esas.

Supuestamente, los culpables de las carreritas y del golferío en la Madrugá son los bares. Ha tenido que pasar más de un año y cuatro salidas extraordinarias para que estos señores se den cuenta de que los bares no tienen la culpa. Luego nos quejaremos del alto índice de desempleo, de que cierran comercios locales, de que la economía local va en picado…pero les obligamos a echar la persiana la noche en la que hacen su particular agosto. ¡Ole miarma!

Gracias a Dios, la cordura imperó y demostró a estos señores que se dedican a calentar el asiento en los plenos municipales que los culpables no son esos pobres hosteleros que pagan religiosamente sus impuestos y que hacen un gran favor a la ciudad contratando a personal y nutriéndose de un mayor arsenal de productos para hacer frente a la Semana Mayor. Gracias a Dios, se han tenido que insertar la lengua en un lugar incómodo, pues han podido ver cómo a raíz del cierre de los bares han sido menos las personas que se han echado a las calles la última Madrugá. ¿Era culpa de los sucesos de 2017? ¡Por supuesto! Pero también, de que no había ni un solo lugar en el centro para tomar un café, ir al lavabo o simplemente descansar. ¿Eso es lo que queremos? ¿Eso es Sevilla?

Incluso he tenido que leer comentarios de personas diciendo que los culpables son los bares y que la gente que bebe en ellos en la Madrugá son los que después salen a la calle a liarla. No sé si reírme o llorar por las incongruencias que puede haber en un párrafo de escasas quince palabras. Osea, me están diciendo que los “niñatos” (porque no tienen otro nombre) que gritaron “Ala es grande” y que empezaron a liarla en las calles del centro estaban minutos antes en los bares del Arenal tomándose un cubata. ¡Y yo voy y me lo creo!

¿De qué sirve cerrar los bares si estos “personajes” siguen entrando en el corazón de la ciudad y se siguen especialmente concentrando en los recorridos de la Esperanza de Triana y los Gitanos con bolsas de plástico cargadas de bebidas alcohólicas? ¿Acaso entonces la solución es cerrar los bazares orientales, los supermercados y hasta la panadería de la esquina de tu barrio para que no se lleven las bolsas al centro? La juventud, no compra el alcohol en un bar. La juventud viene cargadita de sus barrios y ahora viene al centro a bebérselo todo. ¡Esos son los culpables! ¿Os es que los culpables son las familias o parejas que entran a tomarse un vino, una copa o un café en un bar tranquilamente?

El problema es que si reconocen esto que estoy diciendo, sería echarse piedras sobre su propio tejado. Sería reconocer que faltan dispositivos policiales, que faltan controles, que faltan cacheos, que faltan supervisiones de lo que existe en esos grupitos que se forman esperando una cofradía en Reyes Católicos…sería reconocer que faltan medidas. Sería reconocer que la siguen fastidiando año tras año.

Ahora resulta ser que la extraordinaria de la Esperanza de Triana les ha abierto los ojos. Ahora resulta ser que se han dado cuenta que con la cantidad de personas que había en la ciudad el 3 de noviembre, y con los bares abiertos, el problema no radicaba ahí. ¿Quién devuelve ahora a los hosteleros el dinero perdido en la Madrugá de 2018? ¿Quién devuelve ahora esa noche a quienes no salieron de casa por miedo o por no tener un sitio dónde orinar?

Al desastroso aforamiento de calles, donde éstas se cierran sin estar llenas ni al 50%, se le suma el cierre de los bares…de todos. ¡Sin excepción! Les obligamos a cambiar los rótulos, les echamos la persiana, les subimos el autónomo, les incrementamos los impuestos…pero luego queremos que nos voten o que nos respalde en estas medidas.

En fin. Es una pena utilizar la Semana Santa como conejillo de Indias. Precisamente la persona del ayuntamiento que apoyó esta medida con mayor fuerza, vio la Madrugá en unas condiciones bien diferentes a los que estaban tirados en la calle. Lo que son las cosas…

Esta rectificación, que aunque no lo digan es una rectificación, demuestra que además de la ley, en esta ciudad hay más de una neurona seca. Que no nos importa hacernos daño mutuamente por tal de sumarnos un punto a favor. Y una vez más, los sevillanos y su Semana Santa en el punto de mira.

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