El caos de las Esperanzas – Minion Capillita

Con lo nervioso que me pongo aguardando la llegada del tercer fin de semana de diciembre, para poder besar las manos de las Esperanzas, y lo complejo que se torna a veces por la actitud de ciertas personas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchos de ustedes coincidirán que en el calendario cofrade hay dos fechas marcadas en rojo, entendidas como las que más público se congrega para besar las manos del Señor y de su Madre. La primera es sin duda en las Vísperas, cuando el Señor de San Lorenzo extiende su mano al pueblo. La segunda es el fin de semana de las Esperanzas. Y es que si juntas a la de Triana con la de la Macarena, raro es el cofrade que no se acaba echando a la calle, por no sumarle la visita de numerosos turistas que vienen ante la llamada de la Santísima Virgen.

El problema reside en la actitud. El problema reside en la forma de comportarse de ciertas personas. Especialmente esto sucede tanto en la Resolana, como en la calle Pureza. Tras formarse largas colas, y aguardar durante casi más de dos horas para poder besar la mano de la Esperanza, te encuentras con que tiene que ser más rápido que la visita del médico. Casi que no te dan tiempo para poder contemplar la belleza de María. Se pierde el sentido de un besamanos. Se convierte en un pasamanos. Parece que estamos guardando una cola para darle la mano a su Majestad o para observar el féretro de un famoso en una capilla ardiente. Especialmente en estos dos, encontramos un vigilante de seguridad, algo molesto, que llega a poner hasta a tres personas en la alfombra previa a la situación de la Virgen, perdiendo la solemnidad que verdaderamente merece este acto.

Quizás por ello, y a pesar de tener en este fin de semana a la Esperanza Macarena y a la Esperanza de Triana, sea en el que menos se disfruta. Porque hoy ésto ha pasado a ser una moda. Un plan de ocio para la tarde-noche del sábado o la mañana del domingo, perdiendo verdaderamente el sentido de lo que debe ser un acto riguroso, de silencio y de rezo ante la Madre de Dios. Sé que son muchas las personas que quieren pasar por el besamanos y que si cada uno nos extendemos cinco minutos no da lugar, pero la verdad es que se pierde el sentido de todo ésto.

A esta situación hay que sumarle los repentinos cortes de la fila. La celebración de la misa que te impide poder pasar al besamanos, y que en lugar de indicarse previamente o colocarse alguien de la hermandad en el lugar para alertar de ello, se deja que la gente forme cola (con frío y de pie), esperando a que esa eterna celebración concluya.

En otro orden, y lo quería dejar para el final, están los fotógrafos. Es cierto que en la gran mayoría de besamanos hay horarios para la fotografía, pero a mí particularmente se me hace molesto que tantos se crean sibaritas. Que tantos se crean profesionales. Personas que se compran una cámara (porque cualquiera puede) y se creen los reyes del mambo. Una forma de conseguir notoriedad y tal vez, quien sabe, ocultar la decadencia de otros aspectos de sus vidas. ¿Ochenta fotos para que sirven? ¿Ahora cualquier es fotógrafo? Hay chicos/as muy respetuosos, y que hacen un trabajo engrandecedor, pero hay otros (y muchas veces los que más años tienen encima) que parecen que cuando llegan quieren el lugar preferente y que, si puede ser, le pongan hasta una copita de anís. Porque están “trabajando”.

De todos modos, han sido muchos los que han puesto el grito en el cielo porque la Esperanza Macarena ha habilitado un horario exclusivo para sus hermanos, o porque no va a permitir que los fotógrafos aficionados se postren ante Ella. ¿Saben qué? Me parece fenomenal. Un besamanos es un culto interno, y la hermandad tiene derecho a establecer sus propias normativas. Ya está bien que cualquier saque su cámara y se crea fotógrafo profesional. ¿Para qué tantos fotógrafos? ¿Por qué se sienten ofendidos? ¿Acaso son un medio de comunicación? A ver si a los más puretanos también se les quita de en medio, y no solo a los chavales, que en la gran mayoría de las ocasiones son más respetuosos y humildes que ellos.

Ah bueno, que no se me olvide. También está el que llega el último y con la excusa de no saberlo o simplemente porque demuestra falta de respeto, se cuela delante del resto. Pero bueno.

Esto de las cofradías se está tornando en algo masificado, y si encima sucede en besamanos tan sonoros como los de este fin de semana…nos podemos dar por perdidos. ¿La clave? Armarse de paciencia y recordar siempre que a estos sitios se va a respetar, a rezar y a sentir. Nada de correr por las calles para hacerle las fotos a todas las vírgenes y ser el primero en publicarlas o de creerse más importantes que la propia hermandad. La verdad es que si no fuese por la seguridad, a saber lo que se formaría.

Que nunca nos falte la Esperanza, porque si no…

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