Siento vergüenza ajena – Minion Capillita

¡Hola amig@s! Diciembre debería ser el mes de la Lotería, la Nochebuena y el “fun, fun, fun”. Sin embargo, y aunque nos pese, ni en Navidad deja la gente de darse puñaladas traperas. Llego al final del año con la misma sensación de hastío hacia lo que se está convirtiendo la Sevilla Cofrade.

 

 

 

 

 

 

 

 

Qué fácil y qué demagogo a la vez es emitir falsos y vacíos mensajes de paz, amor, concordia y felicidad a través de las redes sociales y luego que no se cumpla con el ejemplo. Es una auténtica lástima, pero no se puede ocultar, por mucho que nos fastidie, la realidad que se está viviendo. Las cofradías están plenamente politizadas, y lo peor es, que esto irá a más. Lo peor es que no sé dónde estará el límite. Esto se ha convertido en el “todo vale”. Esto se ha convertido en el “soy más que tú y te voy a hundir”. El refrán de “a Dios rogando y con el mazo dando” se queda en pañales.

El pasado martes fueron las elecciones en una hermandad señera, en una hermandad de siglos, en una hermandad decana, en una hermandad familiar, en una hermandad de negro, en una hermandad de niños y mayores. ¿Y saben lo que faltó? Precisamente eso…la Hermandad. Y lo peor es que esta hermandad lleva por titular y por nombre el AMOR. ¡Hay que ver lo hipócritas que podemos llegar a ser los cofrades! ¿Amor? ¿Es amor intentar acabar con tu hermano a toda costa y verlo como un enemigo, en lugar de como una alternativa? ¿No les da vergüenza?

Yo no sé si a usted, que me está leyendo en esta mañana de domingo, le tocó algún pellizco ayer en la Lotería de Navidad. Si no, le aseguro que la lotería nos está tocando a todos, pues las redes sociales se han convertido en armas arrojadizas. Los hoteles se han convertido en salas de presentación de candidaturas. Las cartas a los hermanos han sido relegadas a un segundo plano y ahora se prefiere pagar comidas o prometer favores por tal de alcanzar el poder de la vara dorada.

Es muy triste esta situación. Que se de esta situación es una hermandad, es lamentable. A una hermandad se va a servir, porque ni se cobra por el puesto ni se pueden obtener tratos de favor por ser hermano mayor. A una hermandad se va a dejarse la piel. ¿Qué está pasando? ¿Es necesario gastarse miles de euros en extrapolar unas elecciones del seno de la hermandad y en alquilar la sala de reuniones del hotel más ostentoso de la ciudad? ¿Es necesario invertir en comidas a los hermanos costaleros? ¿Es necesario jurar promesas que luego, tú bien sabes, no cumplirás?

Las elecciones de las hermandades se gestionan, incluso más, que unos comicios políticos. Tienen su organigrama definido, su jefe de prensa, su gabinete e incluso hasta su equipo de organización de eventos. ¿Esto es serio? ¿No se lo creen? Hay candidatos que tienen hasta representante y no puedes ni hablar con ellos. Candidatos de hermandades (y por favor no se sientan devaluados) que no son conocidas a nivel nacional. Hermandades que no superan los 3.000 hermanos. Por favor…maldita jerarquía.

Particularmente, a toro pasado, quiero compartir con ustedes mi experiencia con las elecciones en la Hermandad del Amor. Podría hablar de cualquiera, pues la situación está siendo últimamente insostenible, pero me centraré en la corporación del Domingo de Ramos.

En estos comicios, que fueron el martes 18 de diciembre, concurrieron las candidaturas de Juan Cruzado (continuísta) y la alternativa de Joaquín del Amor Morales. Como no me caso con nadie, les confesaré que el primero mostró una conducta sumamente respetable. Aunque como periodista no la comparto, la respeto al cien por cien, pues nos explicó muy amablemente su idea de no extrapolar las elecciones fuera del ámbito de la propia hermandad y de brindarse a los medios una vez pasadas éstas.

El caso de la candidatura alternativa de Joaquín del Amor es otra historia. No voy a entrar en las críticas a la otra candidatura, pues imagino que serán recíprocas. Yo, como periodista, estoy curtido en mil batallas y sé lo que me encuentro en estos casos. Yo no soy hermano del Amor, pero me enseñaron que quien habla mal del otro, poco es de fiar. Quiero compartir con ustedes la situación que nos encontramos el pasado lunes cuando entrevistamos a Joaquín del Amor en directo.

La entrevista se dejó para la segunda hora, pues en la primera teníamos a una escolanía de niños de entre 12 y 16 años. Niños que al día siguiente tenían clase. Niños. Aunque esto se explicó en reiteradas ocasiones, de poco sirvió. La actitud de esta candidatura con respecto a este programa fue…poco cristiana. Se nos informó de que se macharía de nuestros estudios en riguroso directo. Se nos acusó de dejar esta entrevista para el final por tal de ganar más audiencia. Se nos tachó de varias cosas, cuando solo…humildemente, hemos querido dar voz y transmitir un mensaje a los cofrades. Finalmente, y tras insistir (lo cual se hizo por la audiencia), se nos concedió “la entrevista”. Lo entrecomillo porque no se puede calificar así. Fueron apenas siete minutos, y el invitado se dedicó a soltar un discurso preparado y más bien de ataque al otro candidato, con palabras que no indagaban y que considero que a nuestro público poco aportaron. Evidentemente, no nos dejaron preguntar nada. ¡Esto no es periodismo!

El candidato hizo alusiones a que no podía hablar en la franja horaria de 23h a 24h, ya que las elecciones comenzaban a las doce de la noche de ese mismo día. Algo respetable, pero incompresible, pues la entrevista acabaría muchísimo antes de la medianoche. Algo respetable, pero incomprensible, pues el hermano del Amor no necesita una entrevista en las horas previas para decidir su voto. Era una entrevista para los cofrades. En fin.

Ustedes me perdonarán, pero a mí me enseñaron a ser respetuoso, educado y coherente. La gran mayoría de nuestros invitados se marchan con una sonrisa, pues les brindamos el mayor de los cariños. Pero, encima que uno abre las puertas de su casa y acepta “mensajes políticos” no es de recibo que encima se le trate de este modo.

Me tacharán de hacer público algo privado, pero lo hago todo a toro pasado. Lo hago porque yo aún sigo aprendiendo de los mayores, y siempre respetaré a los demás. Por eso, solo pido, que se respete nuestro trabajo…mejorable…pero trabajo. Me perdonan, pero me sentí avergonzado, manipulado y engañado.

Hoy ha sido esta hermandad, pero quizás mañana pueda ser otra. ¿A dónde vamos a llegar? ¿Debemos los periodistas, los medios de comunicación, alejarnos de las elecciones? Quizás sí. Quizás así evitaremos mancharnos y lograremos que esto deje de ser una campaña política en ver quién invierte más y quién gana más apoyos. Recuerden que las entrevistas a los candidatos a quien menos beneficia es al medio, pues un contenido de tintes publicitarios hace que se desconecte parte de la audiencia. Pero lo importante, o al menos para mí, es servir a lo que pidan a las hermandades…a Sevilla.

Confío en que 2019 traiga aires nuevos. Aires de Esperanza.

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