Gran obra, mejorable cartel – Minion Capillita

¡Hola amig@s! Aunque han pasado ya ocho días, todavía queda en el ambiente de la ciudad la esencia de la obra de Fernando Vaquero. Una gran pintura, pero a mi juicio, no es el cartel que debería tener Sevilla. ¡Ahora…crucifíquenme!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos pensarán que soy un neófito, un atrevido o tal vez que no tengo ni idea de arte. Todo ello es cierto, pero lo que quiero compartir con ustedes esta mañana de domingo es mi humilde opinión.

En una ciudad como Sevilla, cualquier cosa que se presente, y más si es gratis, va a recibir numerosas dosis de hojana. No sé cuántas personas habrán ensalzado el cartel de Fernando Vaquero desde que se presentó el pasado sábado, y he de decirles que estoy completamente de acuerdo con ustedes.

Estoy completamente de acuerdo con ustedes en que la pintura de Fernando Vaquero es colosal. Este gran autor, que de verdad no entiendo cómo ha podido prestarse a plasmar su arte para Sevilla de forma altruísta, pues considero que el cartel de la Semana Santa hay que pagarlo, ha creado una auténtica joya.

Es incomprensible que en pleno siglo veintiuno todavía tanto el pregón como el cartel de la Semana Santa, y de las glorias y otros tantos, se hagan por amor al arte. El artista invierte su tiempo, dinero, dedicación y esfuerzo en su obra. Expresa en el lienzo o en el papel aquello que lleva dentro gracias a sus años de formación y a sus conocimientos, pero no le recompensamos por ello. Me parece muy demagogo que haya personas que sigan afirmando que el cartel de la Semana Santa o el pregón son publicidad y prestigio social. ¡Por favor! ¿Acaso Fernando Vaquero necesita la publicidad del Consejo? ¿Acaso Rafa Serna necesita publicidad? ¡Eso es demagogia! Y no me digan que a Sevilla hay que servirla y dárselo todo, pues al final la medallita de esta gestión se la acaban colgando los señores de San Gregorio.

El cartelista y el pregonero se quitan su tiempo y su dinero, que debería estar invertido en otros trabajos sí remunerados, por hacer éstos que para colmo les exigen en un plazo bastante apresurado. Considero que con la presión a la que están sometidos, siendo Sevilla para colmo una ciudad tan sibarita, no es nada justo que este trabajo no reciba su recompensa.

Al margen de todo ello, la pintura de Vaquero está precisamente pensada para lo que muchos han afirmado; para rezarle. Es una auténtica obra de arte. Es expresión pura del barroco. Es un análisis de lo que significa la Semana Santa en su máximo esplendor, creando una composición metafórica pero que ha logrado impactar en el corazón de todos. El realismo de la Virgen de la Quinta Angustia y del Señor de la Caridad es sobrecogedor. Ver como este artista ha sabido trasladar escenas del cine y la esencia de Murillo a las “sevillanas maneras”, es impactante.

Dicho ésto, es un cuadro de museo. No creo que tenga lo que debe tener una obra para ser un cartel. Un cartel debe ser un anuncio, un grito, una llamada de atención. Algo que tú tengas necesidad de postear en las redes sociales o de pasar por Whatsapp, que la gente comente, pero que se vea que en este caso es la Semana Santa de Sevilla. Si pegan el cartel de Vaquero en la pared de un bar junto a otras pinturas cofrades, ¿quién lo mira como cartel? ¿o mejor dicho, quién lo mira entre la multitud?

Sin embargo, el de Málaga es el típico cartel que tú puedes ver en una parada de autobús, en una barra de bar o en el escaparate de un comercio, y te acaba llamando la atención. Un cartel es y debe ser un grito…una llamada. ¿Lo es el de Sevilla? A mi humilde parecer está bastante lejos de esta definición.

He llegado a leer que el cartel de Málaga necesita explicación, y el de Sevilla no. ¿Explicación? Creo que cualquiera que se preste puede embaucarse con esa obra, te guste o no, es decir, que sabe que está hablando de la Semana Santa de Málaga. Sin embargo, en este caso, se sabe que es la Semana Santa de Sevilla pero, ¿qué tiene este cartel que no tenga otro que pueda presentar una tertulia, hermandad o web cofrade? No sé si me entienden.

El cartel de Sevilla es una delicia, una joya y tiene unción. Pero no es cartel, es una obra de arte. La culpa no es de Vaquero, que es un grandísimo pintor, sino de una ciudad que no está preparada para que le vendan un arte modernista. De una ciudad que necesita ver la cara de una Dolorosa, a Cristo muerto o una docena de pajaritos y nazarenos para aprobar un cartel. De una ciudad que no quiere ser trending topic, que no quiere complicaciones, y que aboga por lo clásico por tal de que no la critiquen. Sevilla, por líneas generales, es una ciudad cobarde.

Soy sevillano, pero también soy realista. Somos cobardes. El pintor no se atreve a innovar por miedo a las críticas de aquellos que se creen con la suficiente potestad de echar por tierra algo. Y señores, ustedes que dicen que el de Málaga no es arte, ¿tienen formación en dicha rama? El arte es cualquier forma que una persona pueda llegar a expresar, con sus propias ideas, a través de la pintura, la escultura, la fotografía o la arquitectura. El cartel de Málaga es arte, e incluso ha tenido más arte que el de Sevilla, pues hay que ser valiente para meter en una sociedad tan rancia como la cofrade un cartel tan innovador.

Me van a perdonar, pero no creo que el cartel de Fernando Vaquero pase a los anales de la historia. Me parece una enorme pintura, y me reitero en ello, pero en unos años lo acabaremos olvidando. No es el típico cartel que ustedes tendrán por siempre en su memoria, como aquel famoso del ojo de la Macarena del gran Maireles. Maireles innovó para su época aunque no lo crean, y por eso triunfó. José Cerezal utilizó una técnica innovadora, y muchos lo rechazaron y lo criticaron. ¿Por qué? Porque se sale de los límites rancios, barrocos y anquilosados en el medievo que mantiene la sociedad capillita de la Híspalis.

Mi enhorabuena a Fernando Vaquero, una gran obra. Mi tristeza porque Sevilla sigue sin innovar y porque lo que se presentó en la Caja Rural del Sur para mí sigue estando muy lejos de lo que debe ser el cartel de la Semana Santa más importante del mundo. Bueno, eso de que es la más importante lo llevo escuchando años, pero aún seguimos sin museo, sin subvenciones racionales y equitativas, sin escuchar a las necesidades de las hermandades, con un pregón del siglo XIII y con carteles planos, sin impacto.

Ahora critiquen a este humilde opinador, pues yo no critiqué a Vaquero ni nunca lo haré porque es un gran pintor. Pero el Consejo y Sevilla se equivocan, porque los años pasarán y seguiremos quedándonos atrás. Si ustedes quieren ver la cara de la Macarena, vayan a la Basílica cualquier día del año, que allí estará. Pero un cartel es más que eso, y se ve, que al paso que vamos, nunca llegaremos a tener un cartel con mayúscular.

¡Enhorabuena Fernando! Gran obra, a mi humilde parecer, mejorable cartel.

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