Que no cunda el pánico – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Me encantaría que siguiésemos los mismos criterios para todo, que actuásemos con cordura y civismo, pero sin quitarnos lo poquito que nos mantiene con vida. ¿No creéis?

Cualquier persona que tenga dos dedos de frente, un poco de raciocinio, sentido de la responsabilidad y amor por su ciudad, estará de acuerdo con las medidas adoptadas.

La salud es lo primero, y es mejor prevenir que curar. A pesar de que el Twitter de Emergencias Sevilla parezca más la cuenta de un influencer que de un organismo público, la ciudadanía debe actuar con responsabilidad. Pero por desgracia, queridos cofrades, todavía siguen saliendo imágenes de personas con actitudes poco decorosas, saltándose las normas y estando en la vía pública a altas horas de la madrugada.

¿Significa que haya restricciones horarias o de aforo que se limite nuestra libertad? No. Creo que todos estaremos de acuerdo en que son necesarias estas medidas de primera instancia antes que volver a un nuevo confinamiento domiciliario. Pero parece que solo nos acordamos de cómo estábamos en marzo, de aquella nefasta Semana Santa 2020 y de lo dolorosos que han sido estos meses, cuando volvamos a estar encerrados. Mientras, ¡ancha es Castilla!

A pesar de todo, y de que debamos actuar con responsabilidad y controlando nuestras acciones y relaciones sociales, lo que no se puede es quitar a los cofrades, en concreto, a los cristianos, ese halo de luz y esperanza que nos mantiene con ganas de seguir viviendo y que no perdamos la ilusión por abandonar esta situación.

A raíz de las medidas implantadas por la Junta de Andalucía de reducir el aforo en los templos al 30 por ciento, hermandades como la Estrella o el Gran Poder han tomado medidas de dar un paso atrás. ¿Me explican ustedes que daño hace una veneración? Si se controla el aforo del templo y se toma la temperatura a los asistentes, gran ejemplo el que dio por cierto la Hermandad de San Gonzalo en el besamanos a su dolorosa, ¿dónde está el problema? Se lo diré yo. Los cofrades nos estamos achantando.

Estamos permitiendo que los organismos políticos incidan en nuestra vida de fe. Hacen bien en limitar los cultos externos, marcar directrices en las eucaristías e impedir los contactos físicos, pero de ahí a cerrar los templos…

Las hermandades deben ser fuertes y dar un golpe en la mesa. Los cofrades estamos sufriendo mucho, perdiendo lo que nos gusta y sintiendo un dolor muy grande en nuestra fe, para que también se nos eche en cara que una veneración no es segura. El problema reside cuando las normas vienen de arriba. Seamos claros, si la Virgen de la Estrella no ha estado en “besamanos” este fin de semana ha sido por imposición de los dominicos. Parece que da miedo salir en los telediarios y que se cuente que ha habido un brote en la iglesia que tú gestionas.

Esto no se puede permitir. Necesitamos el encuentro con las imágenes. Necesitamos sentirlas de cerca. Necesitamos vivir nuestra religiosidad popular, sin olvidar que estamos en plena pandemia. Si hay respeto y cordura, ¿qué daño hace manifestar la fe? Ninguna veneración debe suprimirse, y más si se tienen las herramientas suficientes en la mano. Por Dios, actúen con responsabilidad, pero que no cunda el pánico.

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