Tuvo que ser en Sevilla – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Qué os parece la oleada de robos que estamos sufriendo? ¿Estamos las hermandades preparadas para seguir aguantando ataques? ¿Hasta cuándo?

El dicho clásico de que la religión cristiana es paz y de que hay que poner la otra mejilla, ya está un poco obsoleto, por no decir, que hay que desterrarlo. Hay que ser cautos, pero no tontos. Hay que perdonar, pero no permitir que ultrajen tus derechos y libertades.

En menos de 48 horas se han producido dos intentos de robos en nuestras hermandades, y en ambos casos, jóvenes inmigrantes en situación ilegal. Con esto no quiero que me tachen de racista, ya que este Minion odia encarecidamente a muchos cofrades nacidos en Sevilla, pero no tiene nada en contra de los que vienen de fuera. Pero saco precisamente este extracto para demostraros de que debido a esta espiral de acontecimientos nefastos y condenables en nuestras hermandades, también se están incrementando valores y sentimiento de odio hacia quienes los cometen, en este caso, contra inmigrantes. Por supuesto estas actitudes nunca pueden estar justificadas, y desde aquí muestro mi rechazo más profundo, pero algo hay que hacer.

Algo hay que hacer para que los cristianos dejemos de ser el vertedero de acciones delictivas y expresiones de odio. Algo hay que hacer para acabar con los mamarrachos que buscan repercusión en redes, y que encima se creen con el poder y la libertad creativa suficiente como para reclamar sus derechos. ¿Pero qué derechos, miarma? ¿Usar a la Esperanza Macarena y transformarla en transexual o ponerle pendientes es libertad creativa?

Lo de la libertad creativa y sus derechos de expresión están muy bien, son muy bonitos y se los compro, pero, ¿por qué no actúan igual con la religión musulmana o la budista? ¿Acaso hay miedo a las represalias que otras religiones, y en concreto grupos extremistas pueden llevar a cabo? Yo no quiero ni incitar al odio ni a las revueltas, pues nunca debemos perder nuestro sello pacificador y ni mucho menos cometer delitos en nombre de la religión, pero debemos acometer mano dura y sancionadora.

Si cada vez que un “mamarracho” se dedicase a desprestigiar, ofender y creerse un ente superior a costa de dañar a la religión cristiana, se enfrentase a una multa cuantiosa o a trabajos sociales, os aseguro que se pensarían dos veces las cosas antes de publicar. Lo que pasa es que en esta sociedad sale muy barato burlarse de la religión, y en concreto del cristianismo. Da más miedo atacar a un equipo de fútbol que a una religión. ¿Quizás porque la segunda es pacífica? ¿Quizás porque nos ven más débiles?

Pues lo mismo pasa con los robos. En una mezquita parece que no hay valor al menos de intentar saquearla, sin embargo, nuestras hermandades están sufriendo muchísimo en los últimos días. Hermandades que no están recibiendo subvenciones y apenas ingresos, ¿qué esperan encontrar? ¿Qué les reclaman, si muchas de ellas están al borde de la subsistencia? Que no haya procesiones también supone muchas consecuencias económicas, por lo que llegar a leer que las hermandades tienen mucho capital y que porque se les robe no hay problema, eso levanta unas heridas insalvables.

Y encima, desde las hermandades, en lugar de apoyarnos las unas a las otras nos dedicamos a cuestionar lo que se destina a caridad entre ellas. Hoy ha sido el señor Fernández Cabrero, pero mañana puede ser otro representante de alguna corporación o institución. Estamos muy cansados de un Consejo con poca capacidad de actuación y demasiado laxo en sus respuestas. Estamos muy cansados de un gobierno local que mira para otro lado y que lo máximo que hace es mostrar su apoyo y disculpas, en lugar de actuar por adelantado. Mucho tiene que cambiar.

Y luego están los rumores de si quizás los robos que se están produciendo, o intentos de robo, han podido partir desde personas de la propia hermandad. Como digo, no son opiniones de éste que les escribe, pero que están sonando en la Sevilla Cofrade. Espero que sean mentira, porque me parecen un auténtico disparate.

Para el último lugar hemos reservado el plato fuerte. La batalla campal, de carácter verbal, ya que no dio tiempo a que fuese de otro modo, sucedida durante los cultos a la Purísima Concepción del Divino Perdón. Unas declaraciones fuera de lugar y desafortunadas del actual hermano mayor ante un antiguo miembro de junta, derivaron en una discusión que no llegó a las manos porque Dios no quiso. Mucha tensión la que se vive en esta corporación, que necesita como agua de mayo, nuevas elecciones.

De todos modos, y con la que está cayendo, las espirales de robos, polémicas en hermandades y líos varios siguen cayendo en Sevilla. Y es que tenía que ser aquí, tenía que ser en Sevilla.

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