Atado y bien atado – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Cómo estáis? ¿Habéis notado ya el efecto del nuevo año? ¿Ese que decían que era el principio de todo y que iba a ser fenomenal? Yo pensaba que al tragarme la última uva cósmica se produciría un milagro digno de película de sobremesa de Antena 3, pero qué va miarma, los tontos también han entrado en 2021.

Me da pena, mucha pena, que todavía en el siglo XXI, bien entrado ya este milenio, se siga manipulando con la información a las masas sociales. Me da pena que ya veamos a los lectores, no como personas, en este caso como cofrades además, sino como simples números. Números que te pueden reportar una cifra concreta de visitas, que te pueden generar votos en las próximas elecciones o que pueden valorarte mejor y darte menos candela en las redes sociales.

¿Y todo a costa de qué? De reírte de ellos, sí, de reírte de ellos. De mí te estás riendo cuando me vendes una información como si fueses Moisés abriendo las aguas, poseedor de la pócima mágica de Howards, pero en realidad eres un banal mercader que cierra sus negocios a coste de regateo y de intereses personales, sin importarte esas personas a las que luego en tu mensaje hipócrita felicitaste las fiestas.

Voy a hablaros de la suspensión de la Semana Santa. Sí, me habéis leído bien, de la Semana Santa. Antes de que saltes, filósofo interista de pacotilla, para mí y para casi la totalidad de los cofrades se suspende la Semana Santa. A la misa del Domingo de Palmas no has ido en tu vida. La misa del Jueves Santo no sabes ni dónde se oficia. Cuando es la misa del Viernes Santo estás durmiendo de la resaca cofrade de la Madrugá. Y la misa del Sábado Santo te coge ya cansao y saliendo de tu casa en busca de la Trinidad. Y de la del Domingo de Resurrección ya ni hablo, porque te has enterado este año que existe, que a ti te sacan de la cofradía de Santa Marina, del partido de tu equipo y de los toros de por la tarde y ya te pierdes cual guiri por el centro en Semana Santa.

Dicho esto, se suspende la Semana Santa. La Semana Santa que tú y yo hemos conocido toda la vida. La de levantarte por la mañana a ver iglesias, tomar unas tapitas, ver cofradías y acabar de madrugada, con el cuerpo en rompan filas, viendo la entrada del último palio que hubiese. Se suspende la Semana Santa del tío de la caña, del de la garrapiñada, del del puesto de incienso (bueno ese sigue si lo deja el Ayuntamiento), del de los globos, del vendedor de “arvellanas” y del chino que te vende la sillita y tres paquetes de pipas Reyes a un euro. Se acaba de esfumar la Semana Santa del bocata de Casa Lucas o de esos bocatas grasientos de la calle Pedro Niño, de nombres poco decorosos, pero con más relleno que un cojín del IKEA. Se acaba la Semana Santa de ir con la parienta vestida de mantilla, de regañar al colega que se queda rezagado en aquel bordillo sentado, de decir qué guapo va ese chaval que tanto te gusta, de correr por calles atestadas de público para que no se te vaya la Hiniesta y de esperar colas eternas en los cruces de la Carrera Oficial mientras te clavan un carrito de bebé vacío en la espinilla. Se acaba la Semana Santa de la cervecita mientras ver pasar nazarenos de la Paz. Se acaba esa Semana Santa de pedir cera con la bola de papel de plata del bocadillo de melva canutera que te comiste de una sentá viendo pasar nazarenos de la Candelaria. Se acaba esa Semana Santa de pies pisados por orangutanes cuando ves entrar el palio de los Servitas. Se acaba esa Semana Santa de levantarte nervioso en el día que sales de nazareno con tu cofradía. Se acaba esa Semana Santa de repeluco al escuchar una saeta, el rachear de los costaleros, el muñidor de la Mortaja, la saeta del Sacri en San Lorenzo o las bambalinas del palio de la Virgen de la Palma. Se acaba la Semana Santa que te gusta Twittear como buen friki, creyéndote informador de algo y sin saber siquiera si el nombre de la Hermandad se escribe con H. Se acaba esa Semana Santa de gente sentada en los bordillos, piernas estiradas y patadas en las capas de los nazarenos. Se acaba esa Semana Santa en la que tanto te gusta criticar las sillitas de los chinos, pero cuando ves pasar nazarenos de la Macarena te apoyas en lo primero que encuentras. Se acaba esa Semana Santa de echarle fotos a los que juegan al UNO, mientras fuman cachimbas, en la calle Pureza. Se acaba la Semana Santa del “por aquí no pasas”. Se acaba la Semana Santa del cruzar una fila diciendo “vamos ahora, antes de que vengan los penitentes”. Se acaba la Semana Santa de aprenderte marchas que parecen bandas sonoras tras mirar las partituras, y al llegar a casa, te las descargas y las escuchas días y días después, presumiendo ante tus allegados de tu asombrosa cultura musical. Se acaba la Semana Santa de Casa Ricardo, El Rinconcillo, el Tremendo y la Palma de San Juan. Se acaba la Semana Santa en la que empiezas un amor o acabas enamorado de la soledad porque no entiendes cómo llegaste hasta Semana Santa aguantando a tu pareja. Perdemos la Semana Santa del “Yo me entiendo” mientras pasa Santa Marta. Perdemos la Semana Santa de “A la Gloria” mientras posteas al primer nazareno de Vísperas que te encuentras. Se va la Semana Santa de frikis grabando el banderín de Rosario de Cádiz o Tres Caídas mientras, entre flashes, gritan “¡la madre que los parió, quillo!”. Se nos va la Semana Santa en la que Antonio Santiago dice “venga de frente, valientes” o Manolo Vizcaya grita “Aire pa mis Penas” ante el navío trianero de la Estrella. Perdemos la Semana Santa de siempre, la de niños, padres y abuelos. Perdemos la Semana Santa de Sevilla.

Y ahora, tras esto, aún me dirás que queda la Semana Santa del recuerdo, lo interno, el sentimiento de amor, la liturgia y no sé qué más. Y es verdad. Y será una Semana Santa para poder, al menos y a diferencia del año pasado, poder visitar a nuestros titulares. Para ti, que eres más Papista que el Papa será una Semana Santa perfecta (que ahora resulta que tú eres de Zamora), pero para mí es una Semana Santa vacía, perpleja y que deseo que pase más rápido que los nazarenos del Calvario.

Por eso, cuando viene el Consejo a venderme un modelo de Semana Santa digna de revista dominical, yo me río y solo puedo desearle una pronta recuperación. Porque sin duda, la institución de San Gregorio está ya expirando y no sabe que hacer para no cometer más pifias. Resulta ser que nos venden como novedoso un programa de mesas redondas, conciertos y exposiciones, pero que yo sepa, a lo mejor soy demasiado adelantado a mi tiempo, todos los cofrades hemos ido a ver estas cosas cada Cuaresma. ¡No sé, digo yo!

La exposición de CajaSol, lo digo ya que nadie lo dice, huele a billete quemado. Una exposición sin sentido, en la que desvalijas el patrimonio de las hermandades en plena Cuaresma, y que me consta que muchas están en contra de que el Consejo se sume una medallita más, en época preelectoral, a costa de su patrimonio. Un filón turístico en el que ganan el Ayuntamiento y el Consejo, pero pierden las hermandades. ¡Eso no es la Semana Santa!

Pero bueno, si llevan años para arreglar la Madrugá y el Martes Santo, ¿cómo vamos a ser tan ilusos de pedirles que detallen más ese programa de actos de la exposición? Qué locura pedirle al Consejo que trabaje, ¿verdad?

Se le han echado todos los consejos de hermandades encima a Sevilla, diciendo que es una decisión premeditada. Pero vamos a ver, ¿qué esperabais? Que la ciencia es ciencia y 2+2 son cuatro. Que esto no es el Martes Santo al revés. Que aquí todo va a al derecho y que a finales de marzo el porcentaje de población vacunada en Sevilla será irrisorio. Con suerte, y sería teniendo mucha suerte, podremos ver a la Virgen de los Reyes en la calle, pero yo soy más partidario de la idea de que si vemos a la Virgen del Amparo salir de la Magdalena, será un milagro y por consiguiente, una seña de que todo ha acabado. Si está por ver que en septiembre se consiga la inmunidad de rebaño, ¿qué diablos habláis de Semana Santa en marzo? De ilusión y noticias falsas, sin fundamento y basadas en el engaño, está el mundo lleno. ¿Para qué queréis que esperen a febrero, para ver si en vez de 1.000 vacunados hay 2.000?

Absurdo, que con la que tenemos encima, os quejéis de esto. Lo que no tendría ni que haber comunicado y suspenderse taxativamente las procesiones de Semana Santa en toda España de forma automática. Y preparar, desde ya, una Semana Santa de 2022 sin cruces, ni problemas ni horarios ni líos varios. O quién sabe, tal vez una Magna en otoño. Pero cualquier idea de procesión antes de agosto es un disparate. Y si tú, sigues pensando que es demasiado pronto, deja de ver a mediodía Deportes Cuatro o La Que Se Avecina y ponte a ver un Telediario al menos.

Negocios pactados por la calle San Gregorio desde hace tiempo. Una decisión que aguardaban como agua de mayo y que a saber lo que hay detrás. Porque todo, desde hace semanas, estaba atado y bien atado.

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