A Dios rogando y con el mazo dando – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Os habéis cambiado de pantalones? ¿No? Menos mal, porque tenéis que rascar habéis si encontráis calderilla para echarlo en los famosos limosneros eléctricos. Parece que sólo para eso se nos quiere ya a los cofrades…

Hace unos días leí a un periodista de esta ciudad citar la célebre frase de la Sagradas Escrituras: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Esa frase, durante años, ha sido repetida por la Iglesia, especialmente al narrar el Evangelio del Domingo de Ramos. Dejad que los niños y los jóvenes se acerquen a mí, sin diferenciación de raza, sexo, condición social o edad. ¿Ustedes creen que la Iglesia actual prosigue con el mensaje que marcó el Mesías? Yo discrepo, la verdad.

Hace unos días, la Delegación de Liturgia y de Hermandades y Cofradías (que tú como yo no tenías ni idea ni que existía), emitía un decreto en el que iba dando directrices a las hermandades de cómo debían comportarse y actuar en los templos durante la Cuaresma y la Semana Santa. Y oye, ¿quién quiere la máquina del tiempo de Doraemon teniendo las cartas de Palacio? Te pones a leerlo y era como regresar a la Sevilla de la Inquisición. ¡Qué curioso! Qué daño ha hecho el Ministerio del Tiempo…

En Cuaresma, bueno, te dicen que los cultos recogidos en reglas y ajustados a las restricciones sanitarias. Hasta ahí perfecto. Pero en Semana Santa, solo les falta poner que los hombres vayan con cinturón de castidad y las mujeres cubiertas hasta las orejas. Qué barbaridad. El problema de las hermandades ha sido darle tanto terreno y capacidad de decisión a Palacio. Yo sé que son Iglesia, que somos Iglesia, y que nos debemos a ello. Pero hay que seguir unas normas y unas directrices comunes, pero con matices.

Señores de Palacio, no olviden ustedes que están en Sevilla, en la tierra de la religiosidad popular. En la tierra del encuentro cercano y sincero con Jesús y su bendita Madre. Nosotros sabemos que ustedes querrían que ese contacto fuese mediante las Escrituras, con genuflexión al Santísimo y sin levantar la cabeza de los hombros, pero los tiempos han cambiado, y más en Sevilla. En Sevilla salimos al encuentro con Dios, que por supuesto está en el Sagrario y eso jamás nadie lo dudará. Pero no olviden ustedes, que el Barroco crea las imágenes procesionales y el actual concepto de Semana Santa para evangelizar al pueblo. Para acercar las imágenes al pueblo. Para adoctrinarlo en la religión cristiana y explicarle, de un modo atractivo, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Quiero pensar que estoy equivocado, pero es que cada vez ustedes me hacen pensar más que les ha beneficiado la pandemia. Que les ha venido genial la situación actual de restricciones que vivimos los cofrades para intentar imponer un modelo de Semana Santa basado en la genuflexión, la oración, la penitencia y el silencio. Y todo eso está muy bien, y el cofrade de Sevilla sabe hacerlo y lo hace en su estación de penitencia y los 365 días del año, no hace falta que ustedes lo impongan en un comunicado. Pero lo que no se deben olvidar es que Torquemada ya murió hace muchos años. La época del ordeno y mando concluyó hace décadas y la Semana Santa es la fiesta del pueblo. Por y para el pueblo.

Un pueblo, que no sé si se les olvida, está muy quemado. Ese pueblo, al que ustedes miran desde su alto balcón de la plaza Virgen de los Reyes, está llorando cada día por no poder pagar facturas o alquileres. Ese pueblo ha llorado y sigue llorando por perder familiares cercanos y no poder despedirse de ellos. Ese pueblo no tiene ni para comer. Ese pueblo, lo poco que tiene, la sangre, lo dona para que otros de sus hermanos puedan salir adelante. ¿Y ustedes, en sus posiciones elevadas, nos van a decir cómo tenemos que vivir la Semana Santa? La fiesta del pueblo…

Se equivocan. A ver si pueden sacar otro comunicado y pueden explicarnos, a los que quizás nos tachan de ateos o rebeldes por no aceptar su discurso y agachar la cabeza, qué daño hace a la Iglesia que haya altares de insignias en los templos. Qué daño hace que una hermandad, en el día de su estación de penitencia, disponga un altar con sus titulares en veneración y sus insignias. Yo no lo entiendo. Usted quizás no sepa de simbología, aunque debería, pero hay enseres con una elevadísima carga simbólica en nuestra Semana Santa. ¿Las campanas del Muñidor de la Mortaja no son Titulares como la cruz de guía del Silencio o el Lignum Crucis de Vera Cruz, ya por eso no pueden estar en un altar? A no, que en un altar de insignias no, pero en una exposición sí. ¡Bravo! Puede que no en el mismo altar con los Titulares, pero ¿por qué no en otro espacio del templo?

¿Por qué no puede exponer la Amargura su cruz de guía, la Macarena su senatus, la Candelaria su simpecado o la O su guión sacramental? ¿Por qué tienen que decir ustedes que es lo correcto y qué no? Osea, los templos deben ser solo lugar de culto y oración ahora, pero hasta 2019 no. Curioso, me suena a oportunismo todo esto.

Curioso que no se puedan exponer enseres en un altar de un templo, achacando a que se rompe el ambiente de oración y no se pueden garantizar las distancias sociales, pero en una exposición a la que va a ir todo el mundo (y como abran fronteras hasta de fuera de Sevilla) sí. Claro, pero los intereses económicos-políticos no tienen nada que ver. En Cajasol se puede gatantizar la seguridad de los asistentes, en una Iglesia no. En una Iglesia no pueden haber voluntarios controlando eso. Curioso cuanto menos. Que me diga alguien si en veneraciones masivas como el Gran Poder o las Esperanzas alguien percibió peligro sanitario.

La Iglesia se sorprende porque cada vez los jóvenes se alejen más de ella y que sin embargo se llenen para presenciar un concierto de una banda de música. Y ahora hacen esto. Parece que tienen una guerra abierta hacia todo lo que lleva el nombre “cofrade”. Pero lamento decirles que la pandemia pasará, pero Sevilla no estará dispuesta jamás a volver a la Semana Santa de los flagelantes.

¿En qué se ha convertido la Iglesia? En un espacio de oración donde junto al altar de tu imagen encuentras un limosnero eléctrico, que por cierto te determina previamente la cantidad mínima a donar. ¿En qué se ha convertido la Iglesia? Por tanto, la Iglesia no está siendo un lugar de encuentro familiar y de hermandad. Cada vez parece alejarse más y está excluyendo a un importante núcleo social; los cofrades, las hermandades.

No se olviden ustedes, sin las hermandades, al menos en Sevilla, no son nada. Sin las hermandades, los templos estarían casi vacíos. ¿Cuántas personas van a una misa de un miércoles a las 20h? ¿Y a la misa del quinario del Señor o del triduo de la Virgen? No hay más preguntas señorías. En vez de protestar porque los jóvenes no vayan a su misa y sí al concierto de Tres Caídas que hay tras ésta, pregúntese mejor qué puede hacer para que esos jóvenes lleguen al templo dos horas antes no para coger sitio, sino para escuchar con gusto la misa. Que no estén en misa para que no le quiten el sitio, sino disfrutando. Pregúntenselo. Algo mal se estará haciendo, digo yo.

Desde luego, con esta actitud, no se está consiguiendo nada. Y ni mucho menos, el mensaje que Jesús de Nazaret nos dejó. Porque Él, nuestro Mesías, si quería que los jóvenes se acercasen. ¿Qué más da que hubiese insignias en un altar? Por favor, la sociedad se asfixia, no nos asfixien más. Ya bastante penitencia tenemos en nuestras vidas, con nuestros problemas, como para que también no nos dejen disfrutar como nos gustaría.

Dejen ya el “A Dios rogando y con el mazo dando”. Se lo pedimos, por favor. Confío en ustedes…

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