Que sea el último año – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Cómo os sentís? ¿No tenéis esa sensación de que ha comenzado la Cuaresma pero que podría ser cualquier otra fecha del año?

Perplejo, vacío, sin ganas de nada. Así me siento y así se que se sienten otros muchos cofrades de Sevilla al iniciar esta atípica y extraña Cuaresma pandémica. Una Cuaresma muy distinta a la del año pasado. El año pasado, llegábamos al Miércoles de Ceniza viendo las noticias del coronavirus como algo lejano, que estaba ahí, que ya dejaba sus primeros casos en España, pero que parecía que no acabaría cobrando gravedad. Así fue como llegaron los primeros actos (vía crucis, exposiciones, conciertos, besamanos…) todo iba con normalidad.

Pero un día, se decreta el Estado de Alarma, y por ende el confinamiento domiciliario total, y se acaban los sueños. Se acaban los sueños que veníamos cosechando primavera tras primavera y la vida nos cambia. Se suspende la Semana Santa, no podemos siquiera salir de casa, y parece la Semana Santa más dura.

Lo fue. Fue la Semana Santa más dura, pues no hay nada más duro que quedarte en casa, a la hora que sale tu cofradía, sin poder siquiera pisar la calle en busca de tu templo a visitar a tus Titulares. No hay nada más duro que un Domingo de Ramos parezca una tarde más de noviembre. Encerrados, entre cuatro paredes, rememorando lo que fue y anhelando lo que podrá ser en 2021.

Pero no, en 2021 tampoco. Tampoco tendremos procesiones, pero sí podremos salir a la calle (si la evolución de la pandemia lo permite) a ver a nuestros Titulares. Será una Semana Santa extraña y vacía, pero mucho mejor que la del año pasado, que en lugar de la túnica vestíamos ese pijama de cuadros, nuestro mejor aliado en unas semanas infernales.

No obstante, y a pesar de todo, creo que la Cuaresma de este año puede que sea la más dura de todas. El año pasado la iniciamos, e incluso vivimos el tiempo precuaresmal que va desde el besamanos de la Amargura hasta el Miércoles de Ceniza. Pudimos disfrutar, tal y como estamos acostumbrados. Pero este año, este año venimos ya muy quemados. Venimos de un año en blanco, sin absolutamente nada. Estamos vacíos, despojados y nos aferramos a la fe y a los recuerdos de años pasados. Este año ha pasado el Miércoles de Ceniza y el primer Viernes de la Cuaresma, y ha parecido como si nada. Era un día sin luz, sin ilusión, sin nervios, sin tensión, sin colas eternas en las casas de hermandad o en las tiendas de nazarenos. Era un día en el que se vieron menos fotos de espinacas con garbanzos, menos fotos de incensarios, menos fotos de torrijas y ninguna foto de túnicas colgadas. Gracias a Dios, no faltaron clásicos, como la foto del escaparate de la Confitería la Campana.

Pero, ¿para qué nos vamos a engañar? Paso por el Parlamento y me echo a llorar al no ver ensayar a la Centuria Romana Macarena. Paso por la plaza de San Francisco y no quiero ni mirar, porque hecho de menos esos feos hierros que marcan el inicio de todo. Paso por Matahacas y veo “La Casa del Nazareno” cerrada, y sin colas. Paso por bares cofrades, a horas de ensayos, y están cerrados a cal y canto desde las seis de la tarde. Qué depresión. Qué Cuaresma.

Solo deseo que sea el último año. El último año en el que el Consejo se invente este tipo de exposiciones sin sentido en plena Cuaresma, y que el patrimonio se exponga donde se debe de exponer, en los templos en este tiempo. Y el resto del año, en un museo perenne de la Semana Santa. Manda narices que haya tenido que venir una pandemia para concienciarnos de lo que necesita Sevilla un museo. Solo deseo que sea el último año con las casas de hermandad cerradas y sin colas en las escaleras para sacar la papeleta de sitio. Solo espero que sea el último año en el que el quiosco de la Campana esté allí, en su sitio, un Sábado de Pasión. Solo espero que sea el último año en el que los autobuses lleguen hasta la Campana un Domingo de Ramos. Solo espero que sea el último año en el que no veamos ensayos de costaleros y retranqueos ni a músicos que van de templo en templo ofreciendo conciertos. Solo espero que sea la última Cuaresma sin vía crucis, sobretodo el del Consejo, sin “mudá de los fantasmas” y sin galas el Domingo de Palma. Solo espero que sea la última Cuaresma en la que se imponga la cabeza tirándola sobre la cabeza y la última en la que para comerte una torrija en Ochoa tenga que ser de postre, en lugar de como merienda.

Solo espero que sea el último año en el que sentimos este vacío, difícil de explicar. Solo espero que sea el final de todo y el comienzo de lo que nos merecemos los cofrades.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s