Homo Homini Lupus – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿La Cuaresma bien? ¿Habéis buscado ya a vuestro grupo de allegados, nada, unas 500 personas para salir en procesión? Yo os recomiendo el día 8, y si llueve, pues ya buscamos alternativas. Aunque cuidados, que esto parece Villa Playa, y no precisamente por la sirena estridente, sino porque las paredes tienen oídos.

En el siglo XVII, el filósofo inglés Thomas Hobbes popularizó la cita latina que sirve como titular a este artículo de opinión. Lo que no podíamos imaginar es que, cuatro siglos después, seguiría teniendo su peso e importancia. Por mucho que avancen las tecnologías, la economía y las prestaciones sociales, el ser humano será siempre, en todos los sentidos, un lobo para sí mismo. Intentará autodestruirse y acabar con lo que tiempo atrás le hizo feliz. ¿El motivo? Puede ser porque se crea que puede ser aún más feliz, es decir, ambición. Puede ser porque considere que necesita madurar y dejar atrás lo banal, es decir, aparente madurez. O puede ser porque es tonto, es decir, es tonto.

Me consta que ha pasado ya el vía crucis de las Hermandades y Cofradías 2021 porque he visto fotos en todos lados, bueno miento, no he visto casi fotos. Lo sé porque lo he leído en prensa, bueno miento, en alguna prensa. El vía crucis de este año ha pasado sin pena ni gloria. Ha pasado tan fugaz que ni siquiera los propios hermanos de la Corona se han enterado. Es cierto que era un año complicado, el vía crucis de la pandemia, pero eso no quita para que a la Hermandad de la Corona se le hubiese dado el trato que merecía.

Una hermandad relativamente joven desde su refundación (aunque históricamente señera), una corporación de Vísperas (la segunda) que iba a presidir este acto. ¿Y se la trata así? Tengo la sensación de que se ha utilizado a la Hermandad de la Corona, y no se lo merecen. La Corona ha pasado desapercibida. El Consejo ha utilizado a la Hermandad de la Corona, que ya estaba en la Catedral, para anotarse un tanto y presumir de que, ni el coronavirus, ha podido frenar la celebración de este acto. El Consejo ha utilizado a la Corona, sí. Porque no es éste quien hace un favor a la Corona, sino al revés. Permite transmitir una aparente imagen de normalidad, tranquilidad y Cuaresma plena, cuando ninguna de las tres cosas las tenemos actualmente.

En Sevilla se vuelve a pecar, una vez más, de ser ombliguistas, egoístas, rancios, egocéntricos, cerrados de mente y políticamente correctos. Nos creemos superiores a los demás simplemente por el hecho de mover los hilos en la Semana Santa de Sevilla, una de las más importantes del mundo. Y nos equivocamos. Realmente somos un grupúsculo de marionetas dominados por los de arriba, que nos creemos con potestad de actuar, pero que solo hacemos lo que nos dejan hacer.

Era tan sencillo como asomarse a la ventana, que además de para ver si llueve un Martes Santo sirve para otras cosas. Pero no me refiero a esa ventana, sino a la ventana de Twitter. Verían que en ciudades como Córdoba o Granada se hizo lo que se debía de hacer. Todo el mundo sentado, un recorrido acotado y una imagen portada en unas andas sencillas por 4-6 personas. Algo simple, lógico y que no resta “normalidad” a un acto tradicional. Pero aquí en Sevilla somos más Papistas que el Papa, y algún día, por tal de contentar a los de arriba, acabaremos hasta flagelándonos, sino al tiempo. Aquí en Sevilla preferimos poner un cortejo de ciriales, dos faroles y una cruz, en lugar de que la Corona sea protagonista, como Dios manda, y presida este acto. No hacía falta ni público. Si querían más seguridad, estoy seguro de que los hermanos de la Corona hubiesen preferido menos enchaquetados y personalidades varias y que su Cristo hubiese recorrido las naves de la Catedral (que por cierto son bastante grandes y permiten, de sobra, el distanciamiento social).

Pero el problema, queridos amigos, es la falta de voluntad por parte de los de arriba. Los de arriba están cada vez viéndose con más poder y esto de la pandemia les ha venido como anillo al dedo para frenar los movimientos de religiosidad popular que identifican, más que nunca, a Sevilla y a su Semana Santa. Parece mentira, pero se está utilizando la pandemia como escudo para frenar las oleadas de intentos por recuperar lo que es nuestro y que, desde dentro, nos están arrebatando. Y desde San Gregorio, en lugar de poner freno a esto, se mira para otro lado y se asiente con la cabeza. ¡Con la Iglesia hemos topado!

De forma absurda e ilógica nos quitan el vía crucis, porque lo que hubo el lunes fue una función principal con un rezo del vía crucis, pero el vía crucis de Sevilla no fue ni por asomo. Y la culpa no es solo de la curia. La culpa también es del Consejo, e incluso de muchos medios, que no han dado el protagonismo que la Hermandad de la Corona, bastante perjudicada por las limitaciones, necesitaba. Igualito que el trato que se le dio el año pasado al Señor de la Salud de los Gitanos. La Corona no se merecía esto. Espero ahora que, aquello que abogaron por darle una nueva oportunidad a los Gitanos, den su voto para que en 2022 el Cristo de la Corona pueda presidir el Vía Crucis. Pero un Vía Crucis como siempre, no este invento extraño que se ha vivido este año. Porque nos creemos con la verdad absoluta por ser Sevilla, y no nos damos cuenta de que ya no somos lo que éramos y que tenemos que aprender y mucho del vecino de al lado.

Se le da potestad a Palacio para incidir en el vía crucis. Pero es que también se le ha dado potestad para incidir en la Cuaresma y la Semana Santa. Que sí, que las hermandades son Iglesia y se deben a ella, que todo esto está muy bien, pero con ciertos límites. La Iglesia puede dictar unas líneas generales, pero lo que nunca se puede hacer es borrar nuestra memoria histórica, de siglos y celebrada hasta 2019, para querer convertir la Cuaresma y la Semana Santa en un tiempo de silencio, oración, contemplación y flagelantes.

Después de lo que dieron con el famoso comunicado, ahora resulta ser que no ven con malos ojos el montaje de pasos, pero claro, que no sea en el presbiterio. Osea, que todos los años lo ven bien, pero este año no. ¿No será que no les gusta los pasos en los templos pero se tienen que aguantar años atrás, y este año que se han visto con la posibilidad, han soltado lo que llevan tiempo pensando? Porque en los templos en los que hay Triduo Pascual no se ponen los pasos en el altar mayor, claro, pero los pasos se montan. Pero es que ahora parece que hasta, donde no suele celebrarse este culto, tampoco se puede. No sé, una negativa que deja entrever que lo que la Iglesia quiere no es lo que quiere el pueblo.

El problema radica cuando salen, de debajo de las piedras, los que van de enteristas rancios, doctores de la Iglesia y sabedores de la verdad suprema. Esos señores que defienden a Palacio aunque esté equivocado en sus ideas. Esos señores que abogan por una Semana Santa de oración y contemplación, pero que luego guardarán cola en “In Nomine Dei” o vestían hasta 2019 la túnica de nazareno o se ponían un costal mientras escuchaban marchas de Rosario de Cádiz. Esos. Esos ahora se suman al barco del oportunismo.

Sevilla no es eso. Igual que tampoco es Sevilla una ciudad que pague por su Semana Santa. Se ha conseguido que “In Nomine Dei” sea gratuito, y digo se ha conseguido porque no lo iba a ser. Lo que pasa es que la Fundación Cajasol no permite cobrar por visitar sus exposiciones, pero de ser en otro espacio, les aseguro que el sevillano hubiese pagado. Una pena, y a la par una realidad. Y habrá quién me diga que el sevillano tiene que pagar y contribuir con sus hermandades. Y yo le diré que la Semana Santa es la fiesta del pueblo, que ya bastante clasista es la Feria de Abril, y que el sevillano no tiene que pagar por nada relativo a su Semana Mayor. El sevillano sabe que tiene que pagar sus cuotas o dar un donativo sin necesidad de que ninguna institución se lo dicte.

¿Y qué hacemos? ¿Nos quedamos de brazos cruzados? No sé qué pasará finalmente, y el alcalde ya se ha negado a ello, pero como finalmente tengamos manifestaciones masivas (porque son de hasta 500 personas) el 8 de marzo, se estarán riendo, una vez más, de los sevillanos y de los cofrades. Porque un vía crucis, sobretodo en un pueblo, no suele aglutinar a apenas personas. Y estoy seguro de que muchas personas apoyarían celebrar un vía crucis en Semana Santa, aunque fuese a la hora del toque de queda y que solo se pudiese visualizar por televisión, pero tener algo. Porque necesitamos aferrarnos a algo y porque debemos luchar por preservar nuestra seña de identidad antes de que los de arriba se acostumbren a que esta situación de “no hay nada” sea lo habitual.

Os parecerá mentira, pero nos va a costar tela volver a la normalidad. Y no hablo por la pandemia. Porque la pandemia pasará, Dios quiera que más pronto que tarde. Pero se inventarán medidas absurdas para que la libertad religiosa vuelva a ser vista desde el prisma político y quede restringida. Como siempre, los cofrades los que pagamos los platos rotos. Pero no se olviden de que esto es una cadena, y que si no hay procesiones en las calles, la religiosidad popular corre peligro, y por ende, la confianza en la Iglesia, sobretodo de las nuevas generaciones. Por no hablar de la de sectores que, de forma indirecta, dependen de que haya Semana Santa para subsistir.

Señores eruditos, escriban un libro o hagan una tesis, pero no sigan defendiendo de que la Semana Santa que va a haber es lo mejor, porque se podría (con restricciones) haber hecho mucho más. Y no hablo de pasos en la calle. Todos saben qué se podría hacer y todos tienen una idea en la cabeza. ¿Por qué no se hace? ¿Quizás miedo, quizás autoconvencimiento? “Homo homini lupus”.

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