¡Cofrades, a la calle! – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Si os digo la verdad, no tengo ni pajorera de cómo se llama el alcalde de la ciudad o nuestros políticos, pero a Angelito “el aguaó” lo conozco, y con eso me vale. Me tomo su frase para exponeros mi opinión dominical. ¡Cofrades, a la calle!

Durante los primeros meses de la pandemia vivíamos asustados, sin saber a qué extraño ser nos estábamos enfrentando, viviendo nuestras generaciones una situación que pocos conocían. Mucho se hablaba de la posibilidad de que una pandemia asolase al Planeta, pero de ahí a que se hiciese realidad, iba un trecho. De golpe y porrazo llegó, se decretó el Estado de Alarma y se anunciaba la suspensión de la vida, de la normalidad y de todo. Y por ende, nos quedábamos sin Semana Santa. Ojipláticos, y desde casa, veíamos como se desmontaban los hierros de la carrera oficial sin que hubiesen restos de cera en el suelo. Contemplábamos entre lágrimas una situación de tristeza, frustración y angustia, y sobre todo, de impotencia. Nos arrebataban lo nuestro y no podíamos hacer nada.

Todo se suspendía. A partir de junio la vida volvió a florecer, aunque con cautela. Hubo hermandades que quisieron hacer experimentos que no salieron adelante. La vida continuaba y empezábamos a ver como normales aquellas noticias cofrades de “tal hermandad ha anunciado que no sale” o “se suspende la procesión de…”. Dejaba de ser doloroso para ser esperado.

Creo que el siguiente jarro de agua fría para Sevilla fue la suspensión de la Cabalgata de Reyes Magos. Se empezaba a hablar de vacunas, aunque nunca llegaban, y ver como aquello que ni la lluvia había frenado se suspendía…era sinónimo de que esto estaba muy mal y que no teníamos nada a lo que aferrarnos. O quizás sí, la esperanza.

Las primeras vacunaciones nos permitieron pasar de una Semana Santa de 2020 en casa y en pijama, a una de 2021 en la que poder salir a las calles a ver las cofradías en sus respectivos templos. En las que poder volver a hablar de algo que no fuese la pandemia, y que los analistas de Twitter volviesen a criticar altares, mantillas y personas con medallas colgadas. Yo echaba de menos hasta a los siesos.

Pero aún así, desde dentro, desde la curia y desde las fuerzas supremas de ciertas hermandades, empezaban a sentirse poderosos y a encontrar en esto de la pandemia un aliado. Ellos estaban viendo que podían conseguir esa Semana Santa que añoraban, la de la oración, el recogimiento y la cautela sin excesos. No querían ni que montásemos altares. No querían ver un solo paso. No querían visitas de frikis a altares de insignias. Pero claro, por otro lado, hacían caja o miraban para otro lado siendo partícipes directa o indirectamente de exposiciones de guiris echas para sevillanos en plena Cuaresma.

Estamos en mayo. La vacunación avanza a ritmo frenético y desde hoy vivimos una nueva normalidad. Lo único que hace falta para acabar con todo esto es cautela, sentido común y raciocinio. Si a finales de junio podemos alcanzar ese ansiado 75% de población vacunada con al menos una dosis, ¿por qué tirar todo el esfuerzo ahora? ¿Supondría esto poder llegar a septiembre con más porcentaje vacunados, viviendo una normalidad con cabeza y medidas como mascarillas, pero con las primeras procesiones post Covid? ¿Por qué no?

Yo veo una realidad latente, palpable y posible la Magna de Málaga. Yo creo que es posible que en septiembre se celebre una Magna con cabeza y sentido común. Alguien tiene que dar el paso y tiene que darnos a los sevillanos un repaso. Ya hicieron rosarios y vía crucis, ¿por qué no procesiones? Y demostrar a esta panda de rancios que no siempre tienen la razón y que la fe popular no entiende de fronteras.

No puede ser que desde arriba se lancen mensajes vacíos y planos: “Si me piden una salida extraordinaria se concederá”. Pero, ¿de verdad hace falta pedirla? ¿De verdad que la ciudad que es alma máter de la fe popular tiene que rellenar un formulario? ¿No vale con el deseo común que reside en manos de todos? No es que una hermandad les pida a ustedes una salida extraordinaria, sino que se la pida Sevilla. Es Sevilla la que necesita volver a perderse por sus calles, buscar cofradías, oler, sentir y llorar, pero de alegría y emoción, que ya hemos llorado bastante de pena.

Yo no sé cuál será la primera, pero la que sea se va a llevar todo el público. Por eso Sevilla debería ser inteligente y que la primera procesión que hubiese fuese en septiembre y en la que participasen todas o casi todas las hermandades, porque todas se lo merecen. Por un lado me da miedo una magna, porque se acordarán del Gran Poder, la Esperanza de Triana, la Macarena y los Gitanos, pero el dolor de hermanos de Carretería, los Javieres o la Sed (por decir algunas), es tanto o mayor. Incluso algunos hermanos llevan sin ver a sus titulares en las calles sobre sus pasos desde 2018.

Es un disparate que se piense en la procesión de la Virgen de los Reyes, aunque resten poco más de tres meses. Por eso, aúnen esfuerzos y trabajen desde ya en algo para septiembre. Porque si después de lo que se vio en Madrid, de gente aglutinada en mítines y celebraciones políticas masivas, los cristianos y cofrades no damos un golpe en la mesa y salimos…¿qué nos queda?

Ya está bien al miedo de lo que piensen o digan políticos o religiosos. La Semana Santa es del pueblo y el pueblo debe actuar, con cordura, pero actual. Si todo evoluciona tan bien como está evolucionando y se cumplen los plazos que se dicen, no habrá excusas para que en septiembre podamos ver de nuevo cofradías en las calles. No habrá excusas para que no haya ¡cofrades en la calle!

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