Necesito volver a la vida – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Hoy quiero ponerme algo más poético. Hoy quiero reflexionar a fondo. No os asustéis, aún no me ha dado un golpe de calor bajo el antifaz.

Ya no hablo de una normalidad. A veces pienso que la palabra normalidad está sobrevalorada porque, ¿qué es la normalidad? ¿quién marca la normalidad? ¿qué se puede hacer y qué no? Yo necesito recuperar esa normalidad, no la que me intentan vender los políticos o los de traje de cuatro cifras del consistorio municipal…necesito recuperar la normalidad, mi normalidad. Necesito volver a la vida.

Y para volver a la vida es necesario que seamos capaces de superar el duelo. Igual que María lloró al pie de la cruz sola, sin saber que su hijo resucitaría al tercer día en Santa Marina, nosotros hemos tenido tiempo…quizás demasiado tiempo, para reflexionar y ser conscientes de lo valioso que era aquello que teníamos y lo doloroso que es perderlo sin previo aviso. Porque aunque te digan que todo volverá, en el fondo tenemos ese miedo, esa incertidumbre de, ¿y si no? ¿y si vuelve pero nada ya es igual?

Añoro que llegue un fin de semana de primavera y perderme por las callejuelas de los barrios de Sevilla y fundirme con las Glorias. Esas que para muchos de vosotros están olvidadas porque no recorren las principales calles del centro, pero que conservan la esencia de hermandades pequeñitas, con su gente, con su estilo, con su fervor, con su sello.

Añoro mirar las webs cofrades y hacerme mi propio planning del fin de semana, marcando la ruta de besamanos, conciertos y procesiones, con sus correspondientes paradas de avituallamiento croqueteras y cerveceras.

Añoro grabar con el móvil una chicotá. Añoro mirar mal al que se me pone delante justo en el momento que llega el paso. Añoro al que huele a plaza de abastos a las tres de la tarde y lleva la camiseta adherida al cuerpo. Añoro a la señora que me empuja como si nada. Añoro al padre que me clave el carrito de su hijo en la espinilla y a la madre que le habla al hijo a gritos como si fuese sordo, polaco o las dos cosas al paso de una cofradía de silencio. Añoro el olor a azahar, a incienso, a cera…Añoro al «arvellanero». Añoro al friki que graba a la banda sin importarle el paso. Añoro al «cangrejero molesto». Añoro al capataz engominado que grita y se pone «torero» si le pegamos la grabadora. Añoro los globos de Dora la Exploradora. Añoro el ambiente de las Glorias, tan íntimo y a la vez tan sincero. Añoro esos planes de sábado…Añoro Sevilla.

Y la añoro tanto que lucho cada día por no olvidarla. Porque creo que si somos capaces de no borrar de nuestra mente esos recuerdos, lograremos que desde la plaza Virgen de los Reyes no acaben por destruir nuestros sueños y por convertir la religiosidad popular en una procesión de flagelantes. Por eso, cuando cierta web cofrade publica una encuesta que dice que sus lectores no son partidarios de la vuelta del culto público, yo me pregunto, ¿tanto ha afectado la pandemia que la gente ha olvidado a una velocidad tan elevada? ¿tanto daño hacían las cofradías que no las echáis de menos? Y sobretodo, ¿a quién han preguntado, en la puerta del seminario?

¿Sabéis lo que no añoro? A los enterados. A esos no se les han ido las ganas de hablar y de pronunciarse por redes sociales. Esos siguen dando lecciones de todo; de arte, de música, de estilos…de todo. Esos saben de todo, y si opinas diferente, eres un talibán o un ignorante. Los eruditos son peligrosos en pandemia, pues se relamen las heridas viendo vídeos de Youtube a todas horas y comentando con sus amigos eruditos, buscando fallos para luego comentarlos por las redes sociales.

Lo único que pido es que todo esto pase pronto. Lo único que pido es que seamos valientes y que apostemos por una vuelta a la normalidad progresiva. Porque a mí que no vengan doctores a darme lecciones con discursos sensacionalistas. Los doctores que se dediquen a salvar vidas, no a dar lecciones sobre cofradías. Y en 2021 tendremos procesiones. No sé si en pasos o en andas, pero tendremos procesiones. Y tenemos que luchar por recuperarlas. Y que no nos den sustitutivos de Hacendado. Porque queremos lo que necesitamos, y quienes luchen por arrebatarnos lo que nos pertenece, que se vuelvan a su cueva, a esa de la que nunca deberían haber salido.

Mis mejores deseos a Saiz Meneses, y le ruego que contemple la necesidad de fe del pueblo.

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