Triunfó la cordura – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Si te pusieses en el lugar de esos hermanos de las Siete Palabras que se imaginaron no volver a ver nunca más a su Virgen, quizás cambiarías tu opinión.

Estoy quemado, muy quemado, de que se traten a las cofradías como partidos políticos, tanto en el sentido de hacer propaganda y campañas electorales comprando votos, como en el sentido de blanquear dinero y pagar a ciertas personas bajo cuerda para que miren hacia otro lado en ciertos aspectos. A algunos os parecerá esta afirmación algo cruel, pero otros estaréis afirmando con la cabeza. Igual que sucede con muchas bandas o artesanos que llegan a pagar, cayendo en la competencia desleal, por tal de coger un contrato y así acabar con las otras ofertas.

El jueguecito-pataleta de querer cambiar a la Virgen de la Cabeza, por fortuna, ya se ha terminado. Por fin, y después de unos meses muy duros, acrecentados por la imposibilidad de celebrar el cabildo por las limitaciones de aforo, este sufrimiento, ese dolor y esa sensación de no poder dormir por las noches ante el miedo de perder a tu Madre, se han acabado. He tenido que llegar a leer insultos hacia la Virgen de la Cabeza e incluso a personas diciendo que “si ahora va a resultar que todo el mundo es devoto de Ella”. No es cuestión de que una imagen tenga mayor o menor devoción, es cuestión de que desde el momento en el que está en un templo, está bendecida y recibe culto público, merece un respeto por ser la Madre de Dios.

Hay decenas de imágenes, y muchas de ellas en Sevilla, e incluso en la Semana Santa de la capital, con una calidad artística muy cuestionable, por encima incluso de la Virgen de la Cabeza, pero ahí están, y ahí siguen con el paso de los años. Tal vez porque tienen la fortuna de haber llegado a una HERMANDAD, a una familia que no se cuestiona ni por asomo cambiar a su madre. Quizás a los eruditos artísticos no les parezca guapa o de enorme calidad artística, pero para ellos es su imagen y nunca la habrá mejor.

Igual que no puedes cambiar a tus padres o a tus hijos, tú no puedes cambiar a tu imagen titular por un capricho. E insisto, un capricho. Un capricho de grupo de whatsapp durante la pandemia. El confinamiento sacó lo peor de muchos de nosotros, y tampoco podía ser menos con respecto a los tontos de esta ciudad. Personas que ahora de repente eran hermanos de las Siete Palabras y que presentaron un escrito al levantarse el confinamiento total para llevar a cabildo la sustitución de su dolorosa. Otra vez, sí, otra vez tras casi veinte años, la misma polémica y debate.

Y es más, ¿por qué se vuelve a poner el mismo debate sobre la mesa? ¿por qué otra vez las dos mismas imágenes? La diferencia fue que en 2002 no existían las redes sociales y todo fue más comedido. Este año, además de la cartelería vulgar, han proliferado las mofas y burlas por Twitter y Whatsapp, por no hablar de esos “periodistas” que con pseudónimos buscaban hacer una campaña negativa para desestabilizar a una hermandad que, si no es la tuya, no puedes criticar de ese modo. Básicamente porque ni te va ni te viene. Básicamente porque jamás entenderás lo que es amar a la Virgen de la Cabeza.

Y Miñarro, que es un imaginero de cinco estrellas, debería centrarse en llevar esta imagen a otra ciudad, parroquia o hermandad. Dejar de centrarse en las Siete Palabras y en su empeño de tener una dolorosa en la Semana Santa de Sevilla capital y poner en valor su obra, habilitando visitas a su taller para contemplarla o incitando a esos más de 100 cofrades a fundar un grupo parroquial en torno a la Virgen del Amor. Pero “no se puede desvestir a un santo para vestir a otro” (nunca mejor dicho). Porque desde que se remodela, deja de ser un ángel para siempre y es concebida como la Madre de Dios.

Por fortuna, esta tortura para muchos se acaba. Espero que con elegancia. Al menos por unos años estará todo apaciguado, y espero que para siempre. Pero el problema real latente es que las Siete Palabras, como otras muchas, están divididas y bastantes corroídas por dentro, lo que muestra una necesidad latente de que se intervenga de forma urgente. Porque hasta cuando te llegas a cuestionar hasta sobre la utilidad de tu dolorosa, ¿qué sentido tiene que sigas siendo hermano/miembro de un grupo, si no te sientes identificado? En las hermandades falta formación y sobran gambas.

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