Sevilla huele a naftalina – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Sevilla es esa ciudad que, por mucho que se asee y se crea renovada de cuerpo y mente, seguirá siendo igual de rancia que siempre.

Sevilla huele a naftalina. Huele a ranciedad. Huele a servidumbre. Huele a Giogi. Huele a purito Dux. Huele mocasín y traje de chaqueta. Huele a lo de siempre. Huele a pasado.

El tiempo corre. El reloj no cesa, pero esta ciudad sigue anquilosada en el tiempo. Aún, en pleno siglo XXI, sigue existiendo una corte, lo que pasa que además de pasearse con el traje por los bares del postureo se hace fuerte en las redes sociales, que es capaz de juzgar a todos y todo. Esta corte, cuyo líder es desconocido y se esconde tras una máscara cuadrada, como si de una serie revelación de Netflix se tratase, actúa al unísono.

¿Requisito? Ser egocéntrico. Creerse con el título de sevillano o sevillana de pro. Usar sus redes sociales como si fuese el referente de alguien y capaz de criticar y de juzgar cualquier cosa, aunque eso sí, con cobardía, pues lo hace con tweets que no van dirigidos a nadie, pero que buscan ofender y el aliento de quienes como él/ella pues tienen la mente cargada de clasicismo amargo.

A mí me avergüenza enormemente que se diga que Sevilla es el referente o que somos la Semana Santa modelo. ¿Modelo de qué y de quién? ¿Modelo para qué? Para ser modelo hay que marcar un canon y crecer/evolucionar a la par que los tiempos. Y que yo sepa, Sevilla lleva tumbada en la lona desde hace años. Y lo peor, queridos lectores dominicales, es que no tiene la más mínima intención de levantarse y de pelear.

El Consejo de Hermandades decidió elegir el pasado miércoles a Manuel Cuervo como cartelista de la próxima Semana Mayor. Te puede gustar más o menos su estilo. Para opinar sobre gustos no hay que tener una profesión. Es decir, para opinar sobre la línea editorial de un medio, sobre arte o sobre cocina no hace falta ni ser periodista, ni ser historiador del arte ni ser un Estrella Michelin. Eso sí, no pierda usted el concepto de la palabra opinión y no intente imponer su idea como si de una verdad absoluta y suprema se tratase.

Rápidamente se llena Twitter de aromas a naftalina. Surgen los rancios y empiezan a burlarse del Consejo y a decir que el cartel de 2022 será una tremenda mierda y que dará miedo. Sí, como leen. Una tremenda mierda. Así lo han dicho estos señores. No solo se anticipan a lo que pasará dentro de unos meses, sino que además se atreven a calificar el trabajo de un artista contrastado como Manolo Cuervo de mierda. ¡Con dos cirios!

Esta ciudad apesta tantísimo a naftalina que si no se muestra en un primer plano a la Macarena o a la Quinta Angustia, o al Cachorro o a cualquier otro con una pintura neobarroca, ya ni es arte ni merece la pena. Si un artista es rompedor, y dentro de su pasión por las cofradías y la disciplina artística, plasma la Semana Santa mediante una técnica rompedora, ya es un mamarracho. ¡Qué vergüenza! Me dan ustedes vergüenza ajena.

Por culpa de sujetos como vosotros la Semana Santa nunca evolucionará. La carrera oficial seguirá siendo una ratonera, la Madrugá una locura y las vísperas siendo eso, vísperas sin derecho alguno. Porque en vuestro cerebro anquilosado en el siglo XIII, no hay lugar para la evolución.

Señores, os guste más o menos la obra de Cuervo, nadie puede negar que es arte. Y hay una regla fundamental en todo esto, no se puede comparar el arte. Comparar una obra pop art con una escultura de Bernini o una pintura de Velázquez es de no tener ni idea de nada. El arte, como expresión, es arte siempre. Y por ende, usted no es nadie para decir que su hijo de 5 años pinta mejor. De ser así, bórrelo usted de yudo, fútbol, ballet o una de las diez mil actividades extraescolares a la que tiene torturado a su hijo y métalo en una escuela de dibujo. Porque eso es arte, señor.

Quiero pensar que no representan a la mayoría de los cofrades y confío especialmente en las nuevas generaciones. Lo peor es que hay medios, por llamarlos de algún modo, que califican de «Urgente» la noticia de que Manolo Cuervo haga el cartel de la Semana Santa. Quizás no han llegado vivos al domingo y están aliviando sus penas con anís del Mono en cualquier bar recóndito de los Remedios.

La Semana Santa, y Sevilla en muchos aspectos, lo que pasa que hoy me centro en lo cofrade, apesta a ranciedad y a naftalina. Y si no piensas como ellos, pues no tienes ni idea de nada. Y así, entre sollozos y golpes de pecho como si de una manada de cromañones se tratase, pasan los días y pasan los años. ¡Qué pena, de verdad!

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