El Ministerio del Tiempo – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Hay veces que pienso que no hace falta inventar o llevar a la ficción lo que ya existe en realidad. Hay una ciudad anquilosada en el tiempo, casposa y que no avanza…y su nombre es Sevilla.

¿Me he levantado este domingo con el pie izquierdo? Tal vez. ¿Estoy cabreado? Probablemente. ¿Decepcionado? Hace tiempo que no. Y sinceramente os digo, no hay nada peor que sentir que algo ya no le decepciona porque significa que se ha acomodado al fracaso, la derrota, el dolor y la negatividad.

En mi caso, con esta atípica ciudad, me sigue pasando. No logro entender por qué algunos se empeñan en seguir clavando con puntillas de cabeza gorda la puerta del siglo XVIII a la calle San Gregorio o al Palacio Arzobispal. No sé si es que son cerrados de mente o es que directamente disfrutan creando una ciudad rancia con todo lo que ello supone.

Somos de las pocas capitales del mundo que cuenta con tres de los barrios más pobres de su país, pero no pasa nada. Llevamos años viendo como se ríen de nosotros por no brindarnos una red de metro que esté a a la altura de esta ciudad, pero no pasa nada. No tenemos Museo de la Semana Santa, y luego presumimos de tener la mejor Semana Santa del mundo, pero no pasa nada. La humildad brilla por su ausencia, pero el sentimiento de autocrítica también.

Aquí se hace latente el sentimiento del «Pan y circo». Saldrán los pasos a la calle y nos olvidaremos de todos los problemas del día a día. No habrá ni pandemia, ni paro, ni excesiva inflación o precio de luz y carburantes, ni violencia de género, ni enfermedades, ni pobreza…nada.

Y lo peor, es que aunque tenemos derecho a reclamar lo que nos pertenece y por fin a sonreír, a mí me explota la cabeza cuando veo que aceptamos lo que nos den. Palacio se empeña en que dos miembros de una candidatura están en situación irregular, en pleno siglo veintiuno, por no estar casados, y los demás lo aceptamos y lo vemos como normal. ¿Acaso un divorciado o un homosexual no puede amar a Dios por encima de todas las cosas y llevar mejor una hermandad que un supuesto cristiano ejemplar casado que por detrás va cometiendo tropelías?

Se siguen riendo de nosotros. Nos siguen diciendo que la Hermandad de la Resurrección no puede presidir el vía crucis del Consejo, y lo aceptamos. Nos siguen diciendo que no caben más hermandades en la nómina de la Semana Santa, después de dos años sin procesiones, y lo aceptamos. Nos imponen multas si criticamos la gestión del Consejo en las redes sociales, y lo aceptamos. Ignoran el sentimiento de las agrupaciones parroquiales teniéndolas eternamente en ese estado, desprotegidas, sin el amparo del Consejo o del Arzobispado guiándolas por el camino correcto, y lo aceptamos. ¿Por qué estáis dispuestos a agachar la cabeza y decir sí a todo?

Al mundo cofrade también ha llegado la renovación de conceptos, la igualdad y el sentido de la razón frente a la imposición de unos pocos que buscan sacar provecho de la manipulación a unos muchos. ¿Por qué se acepta que una candidatura proponga una salida extraordinaria a Triana, por una efeméride cuestionable y sin embargo no se le permite a las Siete Palabras salir por su aniversario fundacional? ¿Doble rasero? ¿Por qué se le permitió al Gran Poder, en plena pandemia, sacar a la imagen del Señor a la calle mientras el resto estaba limitada hasta para abrir su templo o celebrar misas?

Si ellos se empeñan en mantener abierta la puerta del tiempo al pasado que lo hagan, pero no incentivéis su fuerza, porque solo así estaremos cayendo más profundo en este socavón sin fin.

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