¡Váyanse, señores rancios, váyanse! – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Os acordáis de esa mítica frase que una señora mayor, doña Concha, decía al presidente de la comunidad, el Señor Juan, en una conocida serie? Pues algo así se podría emular en el mundo cofrade.

Los rancios en las cofradías no es que sobren, que también, es que ya estorban directamente. Son unos señores enchaquetados, normalmente con más años que un bosque, con cierto poder adquisitivo, despreocupados de los temas mundanos, que normalmente han desempeñado cargo de relevancia público o en juntas de gobierno, que han tenido su etapa de darse golpes de pecho y de ser los máximos exponentes del enterismo religioso, sin escrúpulos, con poco tanto y sabedores de la verdad absoluta. En resumen, si no piensas como ellos, echa a correr.

Lo que le han podido dar a Manolo Cuervo por su cartel de la Semana Santa en redes sociales, programas, tertulias, artículos de opinión y fotos de debate ha sido poco. Yo podía entender que estos señores saliesen a mansalva de debajo de las piedras cuando estábamos acostumbrados a carteles Barrocos, el típico Cristo, la típica Virgen, un nazarenito por aquí y una monja por allá (comprensibles a simple vista hasta por un macaco). Pero es que ahora, en plena oleada de expresiones artísticas y en la que, especialmente tras la pandemia, los artesanos están resurgiendo con nuevas técnicas y creaciones, decir comentarios chorras es más digno del TBO.

Se critica a Manolo Cuervo por hacer un cartel que afirman que es una «mamarrachada». Que no se entiende, que no representa nada y que no dice absolutamente nada. Vamos por partes. A Manolo Cuervo lo elige el Consejo, que libremente y sabiendo el estilo del autor, lo designa para confeccionar un cartel. Punto número dos. Si el artista tiene su propio estilo, es lógico que ese estilo se vea reflejado en la obra. Si lo cambiase y ahora de pintar siguiendo las corrientes del expresionismo abstracto o el pop art lo hiciese siguiendo una vía romántica y barroca, por tanto se estaría riendo de todos nosotros. Punto tres. Si ahora el cartel se paga, algo completamente necesario (el pregón también debería ser abonado por el trabajo realizado), que menos que apostar por artistas de renombre y consagrados; y Manolo Cuervo lo es.

Punto cuatro. El cartel cumple su función. Debe ser un impacto visual. Algo que de un simple vistazo se vea, se comprenda y se asocie al sentido por el cual ha sido realizado. Si alguien ve un primerísimo plano del Cachorro y una estampa de Semana Santa y no lo hacia a nuestra Semana Mayor, no solo es que tenga un problema de comprensión, es que es más tonto de lo que parece, y más cuando se lee «Semana Santa 2022». Quinto, y más importante. El arte es toda aquella manifestación libre y cultural que nace de una mente creativa, sea cual sea su forma. Usted/ustedes, no son nadie con sus chaquetas impregnadas de naftalina y «Varón Dandy» para criticar a un artista. ¿Les gustaría que yo, que soy un ser enano y amarillo, aunque más inteligente que vosotros, criticase vuestro trabajo o vuestra gestión al frente de las cofradías?

¿A dónde vamos a llegar? ¿Cuántos años más vamos a tener que soportar que estos señores se crean los poseedores de la Semana Santa y todo lo que la rodea? Necesitamos renovarnos o morir. El año pasado se vio, aunque Palacio hiciese una artimaña absurda por tal de sacar fondos e implantando normativas sin sentido. Sevilla se tuvo que renovar para vivir una Semana Santa extraña en la calle. Y se logró. ¿Qué vamos a seguir en el 2022 con carteles de los años 70? Bueno, perdón. Si comparamos los tiempos, hace cincuenta años se innovaba incluso más que ahora.

Cuando uno ve un cartel quiere ver algo que le impacte y le llame la atención. A mí sinceramente, me aburre ya el primer plano de la Macarena, las manos del Gran Poder, el nazareno de los Gitanos, el Señor de Pasión o la bambalina del palio de la Virgen de la Palma del Buen Fin. Sean originales por Dios.

¿Que faltan cosas? Puede ser. ¿Qué debería haberse hecho un homenaje a la pandemia o a Farfán por su aniversario? Probablemente. ¿Que faltaban los sanitarios en el cartel? Obvio. ¿Otra vez el Cachorro? Sí, pero si el cartelista quería, quién soy yo para cuestionarlo. Es su obra, y ha sido fiel a su estilo. Ya lo que me faltaba es que el cartelista tuviese que cambiar su estilo y convocar un referéndum para saber lo que pinta, perdiendo totalmente su criterio para contentar a los señores rancios, a los cuales ni a sí, contentaría.

La Semana Santa necesita evolucionar en todos los aspectos. Las mujeres consiguieron entrar, después de mucho esfuerzo, en las cofradías y en las juntas de gobierno. Las hermandades se han ido abriendo a las redes sociales, y algunas como el Santo Entierro, están mostrando una imagen renovadora sin precedentes. Hay que tener en cuenta que los tiempos cambian, y que necesitamos vender la Semana Santa también como atractivo turístico, y a eso no se le llama ser comunista señores, se le llama tener amplitud de miras y tener inteligencia para comprender el porcentaje que supone nuestra Semana Mayor en el PIB anual.

Por tanto, mi enhorabuena a Manolo Cuervo. Magnífico cartel. Fiel a su estilo, fiel a la necesidad de renovación en las cofradías y fiel a mi deseo de callar las bocas de los rancios. Sigan ladrando señores, que la Semana Santa, por mucho que lo intenten, no les pertenece.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s