SOS, Glorias – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? No hay más ciego que quien no quiere ver, y en este caso, somos nosotros mismos los que no ponemos vendas en los ojos.

Es una auténtica pena, pero a la vez es una realidad tremenda. Estamos ya en una actitud conformista. Nos levantamos por la mañana, leemos un titular en prensa, decimos «pues vaya» y seguimos a lo nuestro. Qué pena, pero vivimos en una sociedad en la que se cumple ese refrán de que «mientras la mierda no me salpique…»

Y las hermandades de Gloria están en una situación crítica. Bueno, más que crítica, me atrevería a decir que algunas están al borde de la extinción. Después de dos años de pandemia y de suspensión de procesiones, porque aunque los intimistas rancios se nieguen a reconocerlo, las hermandades se mantienen gracias a que salen a la calle, las glorias están agonizando. Con suerte se libran aquellas que pertenecen a hermandades penitenciales o que cuentan con un respaldo considerable de hermanos, pero las glorias que son normalitas, tirando a pocos hermanos, se las están viendo y desean para poder subsistir.

No es normal que el Consejo no cumpla con los plazos y que la subvención que debería haber entregado por estas fechas la retrase a enero de 2023. ¿Y cómo se supone que van a salir las hermandades? ¿Cómo se pagan los gastos de mantenimiento y de proveedores? ¿Cómo se consigue que una hermandad siga a flote?

Aquí las Glorias importan poco o nada. Porque las Glorias se llevan una parte del pastel, y éstas, al igual que las hermandades de Vísperas, no se manchan las manos y no ayudan a cocinarlo. Están maltratadas y no son tenidas en cuenta, ojo, menos cuando hay elecciones. Cuando hay elecciones todos los candidatos a la presidencia de la calle San Gregorio se ponen muy correctos y amables y dicen que les van a aumentar la partida presupuestaria o a brindar nuevas ayudas. Pero la realidad es que ni se acuerdan de ellas.

A muchos del Consejo ni se les ve por las procesiones de Gloria. ¿Es normal que la Hermandad del Carmen de Calatrava se vea abocada a suspender su procesión? Si sale, con suerte, será en andas, y nada que ver con lo visto años atrás. Y muchos de ustedes dirán, ¿qué más quieren, si no hay para banda y flores, pues en andas, no? Pues se lo digo yo; no. Una hermandad está creada para realizar una función evangelizadora plena en su feligresía, y en Sevilla, esa labor de evangelización se hace con salidas procesionales.

Lo que da mucha pena es ver que una vez que la gente se ha quitado el mono de pasos, porque el público que se vio en 2021 en Glorias como la Pastora de Santa Marina, el Amparo o la Divina Enfermera no era normal, ya se ha ido. Y a las Glorias van a verlas los mismos de siempre. Una pena ver hace unos días a Araceli o la Virgen del Mar, o ayer, sin ir más lejos, a la Pastora de San Antonio. Hay glorias que están muriendo. Y si no me creen, pregunten por la Virgen de la Salud del Sol, que la llevaron desde las Avenidas al Plantinar para resurgir a la hermandad, y resulta ser que ahora está todo peor que nunca. Por mucho que puedan decir de puertas para afuera.

Las Glorias se ven abocadas a contratar a «bandas piratas», aunque no sea ético llamarlas así, porque no pueden mantenerse. Hay glorias que no tienen ni candidatos para presidirlas, ni un solo euro. Y si no, que se lo digan al Carmen de San Pablo o al Inmaculado Corazón de Torreblanca. Señores, que no todo es el Amparo, el Rosario de la Macarena y la Reina de Todos los Santos. Que hay infinidad de hermandades de gloria y muchas de ellas están muriendo. ¿Y qué hace el Consejo. Qué hacemos nosotros?

Si ni desde los medios de comunicación se les brinda apoyo y se les da un altavoz, ¿qué van a hacer los señores enchaquetados? Si no las arropamos y les mostramos el cariño, ¿qué van a hacer los de arriba? Luego nos quejaremos de que dejan de salir determinadas procesiones, y ahí las echaremos de menos. Pero mientras, están agonizando, y nosotros preferimos mirar para otro lado. Tal vez hay demasiadas hermandades de Gloria, y muchas deben fusionarse para lograr subsistir. Pero lo que está claro es que merecen ser escuchadas, adentrarse en sus vidas diarias y conocer sus situaciones. De verdad, son de repeluco, y muchos, solo por el simple hecho de no llevar capirotes, las ignoran, y lo peor, es que nos están mandando una señal de SOS y nadie, nadie…las escucha.

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