El Cristo de la Conversión del Buen Ladrón formará parte de la exposición conmemorativa del IV Centenario del fallecimiento de Juan de Mesa.

La Hermandad de Montserrat ha adoptado una decisión que marcará un hito en su historia reciente y en el panorama cultural de la Sevilla de 2026. El Cabildo General de Hermanos, reunido en la capilla de la corporación del Viernes Santo, ha acordado aceptar la invitación para que el Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón forme parte de la gran exposición que acogerá el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Esta muestra ha sido concebida como el eje central de los actos conmemorativos con motivo del IV Centenario del fallecimiento de Juan de Mesa y Velasco, rindiendo homenaje al legado de uno de los mayores genios de la imaginería barroca andaluza. La presencia de esta imponente obra cumbre de 1620 no solo enriquecerá la exposición, sino que permitirá profundizar en la dimensión histórica e influencia del maestro en el arte sacro.
Con el objetivo de garantizar el perfecto estado de la sagrada imagen de cara a esta importante cita, los hermanos han aprobado de igual modo una intervención puntual de carácter conservativo.
Las labores preventivas correrán a cargo de la reconocida restauradora Fuensanta de la Paz Calatrava. Esta actuación se enmarca dentro de las tareas habituales de mantenimiento que la corporación realiza sobre su acervo devocional, velando por la adecuada preservación de una de las grandes joyas de la Semana Santa hispalense antes de su histórico traslado a la pinacoteca de la Plaza del Museo.
La participación del crucificado en este homenaje a Juan de Mesa abre un nuevo capítulo en una corporación que presume de una de las trayectorias más singulares y ricas de la Sevilla mariana.
En 1650, tras una enconada disputa con los beneficiados de San Ildefonso —que requirió un mandamiento del Provisor del Arzobispado bajo amenaza de excomunión—, la hermandad se trasladó a la Iglesia de San Pablo. Allí recibió el crucial impulso del gremio de los mercaderes de lienzos, consolidando su presencia con la finalización de su propia capilla en el compás del convento en 1656.
Tras superar desavenencias con el gremio de lienzeros, el siglo XIX trajo una revitalización institucional de la mano de un grupo de jóvenes devotos. Esta etapa de esplendor contó con el mecenazgo de los Duques de Montpensier y de la Reina María Amelia, un impulso que recuperó la Estación de Penitencia a la Catedral e introdujo las míticas representaciones alegóricas que aún conserva el cortejo: la Santa Mujer Verónica y la Virtud Teologal de la Fe.
Ya en el siglo XX, concretamente en 1939, la hermandad se trasladó a su actual capilla propia anexa al antiguo Convento de San Pablo, el rincón romántico desde el que escribe su día a día. Tras celebrar por todo lo alto el IV Centenario de sus Reglas en 2001, la corporación afronta ahora un periodo de enorme trascendencia donde la historia, la devoción y la proyección cultural vuelven a darse la mano en torno al portentoso Cristo de la Conversión.