Año jubilar en Sevilla con sabor pastoreño

La Santa Sede concede un Año Jubilar a la comunidad capuchina y a la Hermandad de la Divina Pastora, que se desarrollará del 6 de enero de 2027 al 6 de enero de 2028.
Foto: Pastora de Capuchinos

La comunidad capuchina de Sevilla y la Hermandad de la Divina Pastora afrontarán en 2027 una celebración de especial relevancia histórica y devocional. La Santa Sede ha concedido un Año Jubilar con motivo de dos efemérides estrechamente vinculadas a la historia del convento y de la advocación: el cuarto centenario de la fundación del convento de Capuchinos y los 225 años de la hechura y bendición de la imagen de la Divina Pastora que recibe culto en su templo.

El periodo jubilar se extenderá durante un año completo, desde el 6 de enero de 2027 hasta el 6 de enero de 2028, y permitirá a la comunidad religiosa y a la corporación celebrar conjuntamente cuatro siglos de historia conventual y más de dos siglos de veneración de una imagen que se ha convertido en uno de los grandes referentes de la devoción pastoreña en Sevilla.

La petición para la concesión de este tiempo extraordinario fue elevada a la Penitenciaría Apostólica por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, tras lo cual la Santa Sede autorizó la celebración.

La Hermandad de la Divina Pastora de Capuchinos ha acogido la noticia con «agradecimiento y júbilo», al considerar que el Año Jubilar abre un capítulo singular en la historia compartida por la corporación y el convento. La institución ha animado a hermanos y devotos a participar activamente en este acontecimiento, llamado a incorporarse a las «páginas de oro» de estos cuatro siglos bajo la protección de la Madre del Buen Pastor.

La corporación ha invitado asimismo a vivir «intensamente» este periodo, especialmente ante la posibilidad de alcanzar la indulgencia plenaria vinculada a la celebración jubilar.

Junto a la historia del convento, la imagen de la Divina Pastora tendrá un papel fundamental durante la conmemoración. La talla fue realizada en 1802 por el imaginero gaditano José Fernández Guerrero, por encargo del padre fray Miguel de Otura.

La imagen sería coronada en 1921 y mantiene actualmente una importante dimensión devocional y social. Entre sus vinculaciones destaca su condición de patrona de la asociación de mujeres con cáncer de mama de Sevilla.

Los 225 años de la hechura y bendición de la talla permitirán así recuperar la memoria de una imagen estrechamente ligada a la trayectoria de la hermandad y a la evolución de la devoción a la Divina Pastora en la ciudad.

La historia que se conmemorará en 2027 hunde sus raíces en 1627, cuando fue fundado el convento de Capuchinos de Sevilla sobre una antigua ermita dedicada a las santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad. La fundación tuvo lugar bajo el gobierno de fray Agustín de Granada.

El convento acabaría adquiriendo una relevancia extraordinaria para la espiritualidad capuchina al convertirse en el escenario del nacimiento de la advocación de la Madre del Buen Pastor.

Las crónicas sitúan el episodio fundamental en las vísperas del 24 de junio de 1703. Mientras rezaba en el coro bajo del convento, fray Isidoro de Sevilla tuvo una inspiración en la que contempló a la Virgen caracterizada como Pastora.

La visión describía a la Santísima Virgen bajo la sombra de un árbol y sentada sobre una piedra, cubierta hasta las rodillas por un pellico blanco ceñido a la cintura y con un manto azul aterciopelado. Llevaba sombrero pastoril y báculo, sostenía rosas en su mano izquierda y apoyaba la derecha sobre un cordero acogido hacia su regazo.

A su alrededor aparecían varias ovejas con rosas en sus bocas, representación simbólica del Ave María. En la distancia se distinguía una oveja perdida perseguida por un lobo, mientras que San Miguel aparecía con una flecha destinada a abatirlo.

A partir de aquella experiencia, fray Isidoro de Sevilla dedicó sus esfuerzos a difundir el nuevo título y la particular iconografía de la Virgen. Para plasmar aquella representación recurrió al pintor Miguel Alonso de Tovar, a quien encargó la primera pintura de la Divina Pastora de las Almas.

La nueva advocación tuvo su presentación pública el 8 de septiembre de 1703, cuando la pintura fue llevada en procesión, dentro de un rosario público, hasta la Alameda de Hércules.

Desde entonces, Sevilla se convirtió en el punto de partida de una expansión que llevaría la devoción a numerosos conventos capuchinos y a distintos lugares de Andalucía. En esta labor tuvieron un papel destacado el propio fray Isidoro, fray Luis de Oviedo y fray Feliciano de Sevilla.

La propagación continuaría posteriormente de la mano del beato Diego José de Cádiz, quien mantuvo su empeño por extender el culto hasta su fallecimiento en 1801.

La consolidación de la advocación dentro de la orden recibió un impulso decisivo el 8 de septiembre de 1789, cuando se firmó un decreto provincial destinado a fortalecer el culto a la Divina Pastora dentro del carisma capuchino.

El documento establecía que todos los conventos de la orden debían disponer de un altar dedicado a la Divina Pastora y colocar en él una imagen de esta advocación. De este modo, una devoción nacida en el ámbito sevillano quedaba formalmente integrada en la espiritualidad capuchina.

Con el paso del tiempo, la Divina Pastora se convertiría en uno de los principales referentes devocionales vinculados a la orden.

Aunque la Divina Pastora conserva una marcada identidad sevillana, su devoción ha superado ampliamente las fronteras de la ciudad donde nació.

En la actualidad, la advocación es titular de la Provincia Capuchina de España y ostenta también el patronazgo de las misiones capuchinas, del noviciado de las Hermanas de la Cruz y del deporte nacional. Su presencia se ha extendido por toda España y por numerosos territorios de Sudamérica.

El Año Jubilar permitirá poner en común todas estas dimensiones de una historia iniciada hace cuatro siglos. Convento, hermandad, imagen y advocación quedarán unidos durante doce meses en una celebración que pretende mirar al pasado sin perder de vista la vigencia de una devoción que, nacida en el corazón de Capuchinos, terminó adquiriendo una proyección mucho mayor.

Entre el 6 de enero de 2027 y el 6 de enero de 2028, Sevilla celebrará así cuatro siglos de historia del convento y 225 años de la imagen de la Divina Pastora. Una doble efeméride que convertirá el próximo año en una fecha señalada para la familia capuchina y para los numerosos devotos de la Madre del Buen Pastor.

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