Un año en blanco, un año de pandemia – Minion Capillita

¡Hola amig@s! ¿Qué tal? Aquí estamos de vuelta para cerrar ya el curso cofrade. Y no quiero irme de vacaciones, y quitarme el capirote, antes de hacer mi particular balance de este año tan atípico. ¡Vamos al lío!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchos dicen que este ha sido un año en blanco, vacío y sin alegrías por la ausencia de cofradías. Si os soy sincero, el día que se decretó la suspensión de la Semana Santa, o mejor dicho de los cortejos procesionales, me quedé en shock. No lo esperaba, y me impactó mucho la noticia. Era la primera vez, en mis años en el planeta Tierra, en la que se producía un hecho de estas características. ¿Una pandemia podía acabar con una celebración centenaria? Pues sí.

Al principio parecía que el mundo se iba a partir en dos, que la gente saldría a la calle a despojarse de sus vestiduras o a desollarse la piel, pero oye, al final no fue para tanto. Como era un mal común, era un menor mal. Cuando tu cofradía no sale por la lluvia, te da el bajón al ver que otras han podido salir, y ya una sensación de frustración si incluso salen otras de tu jornada. Pero cuando ninguna ha podido salir, por causa mayor, no solo en Sevilla, sino en ninguna parte del mundo, ahí la cosa cambia. Yo sé de sevillanos que hasta se alegraron en el sentido de que, no hay Semana Santa en Sevilla, pero Málaga también se queda sin ella. En fin, comentarios nacionalistas y de ser poco cristianos.

No obstante, vivir la primera pandemia de nuestras vidas nos iba a dar una lección, sin darnos cuenta. Nos iba a enseñar a vivir una Semana Santa diferente. En la contemplación, el silencio y los recuerdos. Una Semana Santa en la que compartir con familiares y amigos el dolor, pero a la par la satisfacción, de que estábamos haciendo lo correcto ante la situación que teníamos encima. Aprendimos a ver cómo llegaba la hora en la que deberíamos salir hacia la capilla o en la que tendría que salir nuestra cofradía, y no fue tan duro como parecía. ¿O tal vez sí? Algunos quisimos ver vídeos de otros años para quitarnos el vacío que nos dejaba el 2020, y otros, otros simplemente preferían ver “Sálvame Limón”, “Sálvame Naranja” y hasta el “Sálvame Tomate” antes que ponerse la tele local y coger la mano de quienes recordaban, a su forma, la Semana de Pasión de años atrás.

Muchos decidieron ver los cultos de la Catedral por primera vez en sus vidas. Otros prefirieron, gracias a las redes sociales, compartir el día de la hermandad con los suyos. Aún confinados, y en la distancia, ahí estuvimos, compartiendo con nuestros hermanos el día más grande de nuestra cofradía. Y pasó el día, y vimos que el mundo no se acababa ni el tiempo se paraba, aunque pensásemos que las horas serían eternas. El tiempo pasó, y nuestro corazón nos contó que ya quedaba menos para el añorado 2021.

Pasó la Semana Santa, y cuando pensábamos que la nostalgia nos haría un nudo en la garganta que ninguna jarra de rebujito de 9€ podría digerir…entonces vimos que esto del Covid iba en serio. Yo no me quité el capirote. El confinamiento avanzaba y con ello veía que las primeras glorias, las de mayor, empezaban a suspender sus salidas procesionales. Había hasta quien se alegraba de ello. Incluso, la Salud de San Isidoro y la Candelaria Madre de Dios hicieron sus amagos de retrasar sus procesiones lo máximo posible, pero gracias a Dios (y a Palacio), la cordura imperó y no se vieron imágenes irresponsables en el centro y en la zona este de la ciudad.

Gloria tras gloria iban cayendo, y tras éstas, la procesión del Corpus y finalmente de la Virgen de los Reyes. Todo el mundo coincidía en una cosa; si la Virgen de los Reyes no salía, esto iba en serio. Y ni las dos magnas procesiones de Cantillana, incluida la extraordinaria de la Pastora. Ni romerías, ni por supuesto un Lunes de Pentecostés como suele ser tradición. Era un año en blanco.

Pero parece ser, que con la llegada de junio, todo se iba animando. Y los cofrades damos gracias a la Sed, que con su exposición de la Fundación Cajasol y sus elecciones nos animaron esos días del fin del confinamiento y de empecer a creer en la nueva normalidad. Menos mal que había noticias espinosas para generar el debate en redes. Desde la llegada de Pasión de Linares al Carmen, en detrimento (una vez más) de Virgen de los Reyes, hasta la propuesta de cambio de la Virgen de la Cabeza de las Siete Palabras (de manos de un grupo de 50 personas, cuyo tema ya he comentado anteriormente), y por supuesto, el intento de recuperación del misterio de la Hermandad del Buen Fin. Y ahora súmale las elecciones de la Hiniesta, y la propuesta de un candidato a recuperar el transitar por la Alfalfa, volviendo a generar el trenecito en esta zona, o de incluso hasta de coronar a su dolorosa.

Momentos de tensión y momentos disparatados. Parece que todos han querido, a pesar de lo positivo que fue leer noticias de caridad en pleno coronavirus, ser noticia por otros temas que años atrás hubiesen sido el entremés, pero que en plena aburrido encierro, se convertían en trending toppic. Si no, que se lo digan al Bar Jota, que lo mismo que abrió tuvo que cerrar por denuncias de los vecinos por superar el aforo permitido.

Está claro que hemos aprendido a vivir sin Semana Santa, sintiendo lo nuestro de un modo silencioso y contemplativo. ¡Podemos vivir sin procesiones extraordinarias, sin conciertos y hasta sin procesión del Corpus! La pena, es que nos quitamos todo eso a lo que los cofrades y cristianos llamamos protestación pública de fe y llenamos los veladores de los bares y las pistas de las discotecas para debatir los temas cofrades. Vale, en muchos casos no se debaten dichos temas, pero es por darle un toque cofrade al desfase que se ve en el ocio nocturno.

Al menos miradlo por el lado positivo, hemos dejado para el año que viene las críticas al Consejo, al pregón de Julio Cuesta, a los retrasos, al conteo y a la Madrugá. El año que viene será la muerte, y no por coronavirus. Pues a la mala uva que suele haber en esta ciudad, se le suma que estarán todos resentidos de no haber podido descargar un año antes. ¡Yo por si acaso me voy a ir yendo a la playita, a descansar el capirote, que cuando menos lo espere ya estamos en septiembre y volverán las polémicas!

De verdad, sean responsables y riánse. Pónganse la mascarilla para poder ponerse en Cuaresma el capirote y la mantilla. ¡Feliz verano, Minions!

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