Quiero mi Semana Santa – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Sé que muchos me estaban esperando, y que no saben vivir sin mis opiniones. Quizás porque duelen, o tal vez porque se aburren, pero en un mundo de libertad y de pandemia, bastante se sufre ya como para callar lo que se lleva dentro. Por cierto, mis vacaciones genial.

No sé ni por dónde empezar, tal vez por el principio. Cuando acabé mis argumentaciones en julio, la situación de la pandemia parecía remitir, o al menos controlarse, pero en estos casi tres meses, cada vez hemos ido recibiendo noticias que nos han hecho a los cofrades sentir que esto no es que empeore, es que está muriendo en nuestras manos.

Suspensión de salidas extraordinarias, suspensión de rosarios de la aurora y hasta de cabildos de elecciones. Cuando me enteré que este año nos quedábamos sin Cabalgata de Reyes Magos, noticia esperada pero no por ello menos dolorosa, la verdad es que tuve que quitarme el capirote. La tristeza de empezar un 2021 sin ilusión ya nos acongoja más aún si cabe. ¿Cómo le explicamos a los más pequeños lo que es la ilusión, si no están viviendo días mágicos como una tarde de 5 de enero o una mañana de Palmas? Y mientras tanto, muchos siguen con sus actitudes incívicas, aunque eso es otro tema.

A mí lo que me indigna es que el Consejo de Hermandades, que debería dar ejemplo, está siguiendo una actitud elitista y poco acorde a su posición. No puede ser que, en plena pandemia y con la crisis económica en la que nos encontramos sumergidos, se acuse con el dedo públicamente a quienes han decidido recuperar, con todo su derecho, el importe de sus abonos. Es decir, pago por un servicio, por un espectáculo, el espectáculo se suspende, y si solicito la devolución de mi entrada, es que yo quiero a Sevilla. Y luego viene la demagogia de que la Semana Santa no es un espectáculo y que el trasfondo es religioso o que el dinero se usa para ayudar a las hermandades. Todo eso está muy bien, y en parte es cierto y en parte no, pero que cada vez es más un espectáculo y por culpa de estos señores (en gran medida), también es cierto. Si no es un espectáculo, por qué se permite que una hermandad acumule un retraso descomunal en la plaza de la Campana, donde curiosamente están todas las cámaras, y luego por la Catedral se vaya corriendo. ¿Religiosidad o popularidad? Bueno, contradicciones varias por la calle San Gregorio.

Contradicciones como las que demuestran de volver a contar con gente de la confianza de ciertas personas. No nos engañemos, en este Consejo hay una reducida minoría que mueve los hilos, no solo de la institución, sino de muchas hermandades, sobretodo letíficas, y hacen y deshacen a su antojo. Lo que se ha hecho con Maruja Vilches, una persona íntegra, bondadosa y que se ha dejado la piel en el Proyecto Fratérnitas, no hay derecho. En el mundo cofrade se están perdiendo los valores esenciales como el respeto, la humildad y el honor. Ahora predomina el compadreo, el pisoteo y el populismo. ¡Qué pena, de verdad! Y al igual que Maruja Vilches sale de San Gregorio por la puerta de atrás, injustamente por su labor en el Polígono Sur (sin la cual no existiría lo que hoy en día conocemos), otros muchos entran por la puerta principal reclamando unos derechos y una potestad que no merecen.

En tiempos de nuestros mayores, la Semana Santa era la fiesta del pueblo. Así nos lo transmitieron y así todavía la venden algunos. Pero la realidad es que el coronavirus está sirviendo para sacar lo peor de cada uno, y para demostrarse una vez más, que a la mínima debe primar el poder del estatus y el dinero por encima del de la igualdad.

¿Cómo puede decir el señor Juan Manuel Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, que intentarán que haya una Semana Santa en 2021, aunque sea diferente a la que conocemos? ¿Eso es lo que importa, el turismo? Por supuesto que importa el turismo. Sevilla, y Andalucía en general, son focos turísticos y vivimos de la presencia de éste, pero no debemos olvidar que la Semana Santa es la fiesta del pueblo. La fiesta a la que todos podemos acudir sin importar raza, clase social, edad o pensamiento ideológico. Y sí, he empleado correctamente el término, una fiesta. Porque encontrar a Dios y a su bendita Madre y revivir la Pasión cada año, con los tuyos, eso es una fiesta que solo en nuestra tierra sabemos entender.

Pero claro, luego llegan días como aquel Pontifical del Gran Poder del 1 de octubre. Sinceramente, estaba indignado viéndolo por televisión. Hermanos del Gran Poder, devotos del Señor y vecinos de toda la vida, en sus casas sin poder contemplar un hecho histórico, pero sin embargo, los cuatro enchaquetados de siempre, muchos de ellos que han demostrado no amar a Sevilla con sus actitudes egoístas y demagogas, allí estaban, además, ocupando sitios preferentes. ¿Esa es la Semana Santa de 2021 que nos espera? ¿Que las autoridades puedan contemplar ciertos actos, y que el resto de los mortales nos tengamos que conformar en verlos desde casa? Señor Juan Manuel Moreno, eso no es Semana Santa. Eso será un acto oficial, pero Semana Santa no es.

Sí, ya sé que vais a decir que la Semana Santa es más que pasos en la calle y que este año se ha visto una Semana Santa de cultos, oración y contemplación. Si todo eso está muy bonito, pero la Semana Santa de 2020 ha sido muy dolorosa. En casa, encerrados, sin poder salir a ver a tus Titulares, y sin saber qué será de tu vida mañana.

Sinceramente, no entiendo por qué a la Hermandad del Gran Poder se le han concedido ciertos privilegios para poder hacer un acto de la corporación en la vía pública, pero sin embargo, una Hermandad que cumple 450 años de historia no puede hacer un rosario de la aurora con su imagen o una misa delante de su iglesia, que también tiene una plaza en la puerta. ¿Quizás es que hay hermandades de primera y segunda división? Respondan ustedes mismos. Pero en plena pandemia, y con el dolor que tenemos todos por haber perdido eso que tanto añoramos, o todos moros o todos cristianos. Innecesaria celebración externa, cuando se podría haber oficiado en la parroquia de San Lorenzo (que permite mayor aforo que la Basílica) y por supuesto, con un traslado privado del Señor.

Por todo ello, insisto. No nos merecemos los cristianos, con lo que estamos soportando en estos tiempos, que las autoridades nos vengan a dar lecciones de lo que debemos hacer con nuestro dinero o a juzgarnos si queremos o no a Sevilla. No nos merecemos que nos vendan un modelo de Semana Santa, de la cual disfrutarán solo los que disfrutaron del Señor aquel 1 de octubre. Sevilla quiere su Semana Santa, con procesiones en la calle. Si hay algo será otra cosa, pero no será Semana Santa. Dios proveerá, pero espero que sea a todos por igual.

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