Lo que se esconde tras la ventana – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Se ha relajado ya el ambiente? Lo digo porque últimamente en las elecciones, como te posiciones, puedes salir escaldado de cara al próximo lustro. Esto es como la política, si te metes en la charca y el agua esta sucia, sales infectado hasta arriba.

¡Oh Pecador! ¿Os acordáis de ese clásico cántico litúrgico? Vosotros sé que sí, porque sois como yo, cofrades puros, pero muchos no sabrán ni de lo que hablamos y se pensarán simplemente que es una marcha de agrupación musical.

El mundo cofrade se ha convertido en esa puerta del Ministerio del Tiempo por la que todos los que están descontentos con su presente, huyen buscando una realidad paralela. En el mundo de los mortales puedes ser un currito al que no conoce nadie, pero cuando llegas a tu casa, te pones ese traje que pagaste a plazos, con tus zapatos del Domingo de Ramos, tu mejor colonia y te echas laca como si no hubiese cambio climático. Te preparas para la misión. Ya estás listo, y sales buscando la puerta detrás de la cual puedas meterte para vivir una aventura. Cruzas el dintel de tu casa de hermandad o tu parroquia e intentas aparentar como si no hubiese un mañana, aparentando y derrochando, aunque hayas ido a la iglesia andando porque tienes el bonobús en negativo.

Pero claro, tú quieres aparentar y pensar que tu vida es mejor que lo que verdaderamente es. Es curioso, pero es atravesar esa puerta del tiempo, y los valores humildes se pierden y florecen otros como el narcisismo, la demagogia y el egocentrismo. ¿De verdad estos son los valores que nos inculcaron nuestros mayores de lo que debe ser una hermandad?

Y después esos, los que se esconden tras la ventana, son los que presumen de integridad moral y critican a los jóvenes que acuden a una iglesia a escuchar marchas de Cigarreras o Virgen de los Reyes, y que luego el jubileo circular está vacío, salvo con cuatro ancianos. ¿Pero de qué presumes? Que yo sepa a todos nos gusta ir en el coche o en el autobús escuchando marchas de Tres Caídas o de Tejera, no vamos escuchando el rezo del Santo Rosario. No sé, a lo mejor soy yo un bicho raro y amarillo (que por cierto, lo soy y a mucha honra).

Pues bien amigos. Cuando estos señores se enfundan su traje ya están preparados para la misión. El confinamiento ha agilizado su ingenio y lo mismo les puede dar por cambiar una dolorosa de décadas, que por querer recuperar un misterio, por querer coronar a su Virgen o por qué no, por presentarse a hermano mayor. No van por la iglesia desde que soltaron el cirio la última Semana Santa, y ni siquiera saben cómo se accede a la sacristía, pero eso no importa, ellos están en la misión que les ha encomendado el Ministerio, y en esta ocasión, quieren ponerse en la piel de un candidato a hermano mayor.

Porque seamos sinceros, aunque algunos vayan de dignos, lo que más le gusta a la gran mayoría de los candidatos, sobre todo cuando hay dos candidaturas en la mesa, son los encuentros con los diferentes grupos de hermanos, darse baños de masas entre Cruzcampos, echarse fotos para que las suban el “responsable de comunicación” de la candidatura, y solicitar entrevistas a los medios. Sí, habéis leído bien, solicitar entrevistas. Parece que muchas veces son los medios los que buscan a los candidatos, pero si supieran vuestras mercedes lo que se esconde tras esa ventana…

Y vale todo por tal de aparentar. Vale todo. Si tengo que estar a base de mortadela un mes pero luego gastando lo más grande en contentar a los de la hermandad, pues se hace. Si tengo que renunciar a cosas de mi vida personal, por tal de invertirlo en una web potente de la candidatura (que luego miran cuatro frikis), pues se hace. Si tengo que descuidar mi vida personal por tal de aparentar, pues se hace. Si tengo que amenazar a medios con que los voy a denunciar, pues se hace. Si tengo que hacerme el remolón ante una entrevista que yo mismo he solicitado, pues se hace. En la calle yo no soy nadie, pero tras la ventana me crezco.

Todo tenemos en la cabeza imágenes de candidaturas que han dado mucho que desear en sus métodos. Se han visto situaciones muy desafortunadas. En la Hiniesta, en la Macarena, en Montesión, en San Bernardo, en San Benito y ahora recientemente en San Esteban. Vale todo, hasta hacer un giro mortal, como si de un videoclip de Madonna se tratase. La pregunta es, quiénes son los asesores de campaña? O mejor dicho, ¿por qué se constituyen campañas políticas en unas elecciones de hermandades?

Después todo acaba, ganes o pierdas las elecciones, cuando sales de la misión, vuelves a ser tú, con tu vida. Quizás con deudas pendientes porque tienes que pagar lo que dejaste a deber en aquellas convivencias, o porque debes de cumplir lo que prometiste a ciertos grupos de presión de las hermandades. Unas elecciones no se ganan en las redes sociales, porque lo que piensen los que no tienen voto, no te debe importar.

Pero en eso se están convirtiendo las hermandades, en campañas mediáticas constantes. En círculos cerrados sin valores. En núcleos en los que parece que importa más lo que hay tras la ventana, que lo que se esconde en el corazón de cada uno. Hagan lo que quiera, pero eso no es lo que nos enseñaron nuestros mayores.

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