Se ha perdido el fundamentalismo – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Estáis aún empachados de la cena de Nochebuena y la comida de Navidad? Será lo único que hacéis bien, porque veo que no sabéis adaptaros a las circunstancias…

El texto de esta semana no va a ser tan estrictamente cofrade, como religioso. La vida nos ha dado la oportunidad de poder vivir unas Navidades basadas en la unión familiar, la hermandad y el apoyo al prójimo, es decir, una oportunidad dorada para dar ejemplo de lo que significa ser buen cristiano.

Pero por desgracia, una vez más, y como hemos venido demostrando con actitudes hipócritas y alocadas durante todo el 2020, en Navidad nos hemos coronado y hemos vuelto a ser egoístas, malos cristianos y sobretodo, malas personas. Ya no es solo que no se muestre cariño al prójimo, que bueno, se debería, pero al no conocerlo y ponerle cara es peor. Es que ya no se muestra cariño ni por tu propia familia. Y quien no quiere a su familia no se quiere ni a sí mismo.

Las imágenes contempladas durante el 24 y 25 de diciembre, la gran mayoría en horario de mediodía-tarde, fueron una auténtica vergüenza. Calles y bares abarrotados. Personas aglutinadas sin mascarillas. Ningún tipo de distanciamiento social. Besos sin mascarillas. Abrazos con desconocidos. Platos y vasos compartidos. En resumen, un sin fin de actitudes irresponsables que no solo ponen en peligro a su integridad, sino también a la de los suyos.

Esa sensación de creerte un ente superior e inmune a todo, hace que al llegar a casa y darle un abrazo a tu abuelo o a tus padres, los estés convirtiendo en claro receptor de tus actitudes inmaduras, irresponsables y asesinas. Sí, me reitero, asesinas. ¿Era mucho pedir que este año suprimiésemos esas copas de Nochebuena? ¿Era mucho pedir que no hubiese reuniones en bares como las que se han visto a nivel Nacional que se produjeron en Paseo Colón o la Alameda?

Hemos perdido de raíz, en plena pandemia, el fundamentalismo cristiano. El coronavirus nos ha vencido, asumidlo, y ahora somos sus vástagos verdugos en la que será su tercera ola, algo que llegará incluso antes de Reyes. Volverán a subir, que ya están subiendo, los contagios y hospitalizados, y quizás te toque a ti, o quizás te libres. Pero tú ya has disfrutado de tu absurda e innecesario reunión de Nochebuena. Tú ya te has pegado tu buen homenaje sin mascarilla y juntándote no solo con tu grupo, sino también con los de mesas adyacentes que nos has visto en tu vida. Pero luego seguro que eres el típico tontito que tiene miedo hasta de tocar la barra del autobús. Lo que son las cosas.

Me avergüenza y me apena la actitud borrega e irracional de esta ciudad en plena pandemia en Navidad. Y familias ahora mismo rotas, con familiares en hospitales o separadas por cierres perimetrales. Pero tú disfruta miarma, tú tómate la copita del 23, del 24, del 25 y si hace falta hasta del 30 de febrero, no importa, tú la inventas. ¡Qué pena!

No, no me digas que la gente tiene que vivir. No me vendas esa moto de hipocresía, porque todos tenemos derecho a vivir, y no que algunos, por sus conductas indecorosas, nos priven al resto de la libertad de poder movernos a ver a nuestros familiares o el derecho a respirar aire puro en lugar de hacerlo tras un trozo de tela que a la larga nos acabará afectando seriamente al sistema respiratorio.

Pero a las 00h del 25 de diciembre, todos ponemos la fotito del Niño Jesús. Sois unos fariseos, amigos. Y seguro que habréis ido, calentitos de Solera y Canasta, a la misa vespertina del Gallo.

En Sevilla hace tiempo que se perdió el fundamentalismo, por ejemplo, intentando “cofradizar” la Navidad. Así fue como un grupo de “iluminatis” decidieron subir a San José, la Virgen y el Niño a un paso, en plena Navidad y en Triana, y con su banda y todo detrás. Un despropósito tras otro en el que no sabemos diferenciar fiestas. Una cosa es que subas stories a Instagram con villancicos de Virgen de los Reyes y otra que pongas una diciendo que tú estás viendo la Paz en Campana o la salida de Santa Genoveva. Hombre, creo que cada cosa tiene su momento y tu fundamentalismo, ya por los suelos, no ayuda a mantener la esencia del sentimiento cristiano en estas fechas.

En resumen, haced lo que os de la gana. Espero que los que habéis pedido al Señor grueso de Laponia le hayáis pedido también un poquito de cordura, sentido común y amor. Porque luego os pondréis la medalla de vuestra hermandad y os quejaréis de que suspendan ciertos cultos o actividades, pero cuando estabais borrachos cantando el “Navidad en Canal Sur” con la copa de balón en la mano en medio de una masa social, no os acordabais ni de la madre que os parió.

¡Ea, ya está dicho. Feliz Navidad, señores!.

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