Lo que sobra en las cofradías – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Habéis pensado alguna vez cómo sería esa lista de Shindler de las hermandades? ¿Esos nombres que sobran y además restan a nuestra Semana Santa?

Por desgracia, no solo en las cofradías, vivimos en unos tiempos en los que predominan el compadreo, las conveniencias y los tratos a amigos. Vivimos en unos tiempos en los que valores como la honestidad, el respeto, la integridad y el amor se ven relegados a un segundo plano, y en la parcela cofrade, pasa exactamente lo mismo.

Empecemos por las elecciones. Me sobran por completo todos aquellos que, presumiendo de su potencial adquisitivo se presentan a unos comicios de su hermandad pensando que van a concurrir a las elecciones de la presidencia de la Junta. “El Poderoso caballero don dinero” siempre se alza victorioso ante cualquier tipo de adversidad, y se cree que puede conseguir lo que quiera de este modo. Por eso, no le importa comprar votos, pagar mariscadas o prometer cosas a costa de la hermandad. Lo que importa es que mi nombre, aunque no aparezca por los cultos, sea el elegido en las urnas. Y claro, qué mejor que tener un posicionamiento notable en las redes. Por eso voy a contratar al periodista de turno para que me lleve la campaña, al cual por supuesto le pagaré. Ahora tocaré a los costaleros, les venderé una moto de que el otro candidato se va a cagar al capataz, y me saco más votos. Y para rematar, usemos la música. Sí, la música le encanta a los frikis. ¿Opto por traer a una banda de moda o mejor recupero la de antaño? No sé, pero la que está fuera. En algunos casos, llegan hasta a pegar a gente del otro bando.

Siguiente capítulo; los posturitas. Los posturitas son aquellos que por llevar un traje se creen alguien. Ya sea alguien dentro de su hermandad, aunque no sepan sus propios hermanos ni quién es, o dentro del mundo cofrade. El posturita llega a una procesión de gloria, una exposición o una veneración y se pone altivo. Saca la cabeza de los hombros como si fuera un pavo real, se echa seis kilos de gomina, se poner su medio litro de Varón Dandy y allá que se va a codearse por los núcleos cofrades. Al posturita puedes verlo en el besamanos de tu hermandad, e intentará hablar con cualquiera, pero él sabe que tú lo estarás mirando. Al posturita no le importa él, sino lo que piensen de él. El posturita no le echa una foto a la Virgen, sino que se la echa a la cerveza que se tomará con el miembro de junta de turno al que persuadirá hasta que se la tome con él. El posturita vive aferrado a Twitter, lo lee y lo twittea todo. Cuando llega a casa se queda vacío y solo le quedan los restos aromáticos de su colonia, que si la miras de cerca, seguro que es “Valon Dandil – Made in Taiwán”.

Nuevo capítulo; los frikis. Los frikis no son malos, quizás sean los que menos incordian. Pero claro, a los frikis hay que tratarlos con cariño. Yo particularmente no veo mal que unos chavales se pongan delante de un banderín de una determinada banda a grabar, lo que veo mal es que no hayan recibido la educación suficiente como para saber que para eso están los certámenes y conciertos, pero que en una procesión hay otra cosa más valiosa. El friki le echa una foto al dosel del altar de besamanos o a la jarrita esa de la esquina a la que tú ni siquiera miras. El friki se empapa de todo antes de salir de casa para luego darse el pegote en la calle. El friki puede jalear una marcha de Rosario de Cádiz o Tres Caídas. El friki puede poner su trípode delante de un besamanos, aun sin ser nadie, porque él se lo cree. El friki es un ser querido y a la par odiado.

¿Y los pseudoperiodistas? Bueno, estos son un debate eterno. Cada uno que se crea una web, un blog, o se hace un canal de Ivoox se cree que tiene un medio de comunicación, y por ende, se cree comunicador y periodista. Lo peor es cuando va a las hermandades exigiendo, pidiendo algo que no le corresponde y demostrando en redes que es un ser superior. Quizás, si ese tiempo que invierte llamando trabajo a algo que es un hobbie lo invirtiese en estudiar un poco aquello que supuestamente le gusta, lograría dejar de ser un friki más. Y por favor, los niños, los niños podéis echar fotos, pero no exijáis a las hermandades pertenecer a un turno de fotografía. No sois reporteros gráficos. Tenéis vuestro derecho, pero no vendáis a vuestros padres que tenéis un medio de comunicación.

Los eruditos. Los eruditos entienden de todo; de bordados, de brocados, de imaginería, de orfebrería, de flores, de música, de marchas, de bandas…de todo. No tiene a lo mejor ni la ESO, pero no importa, él dice que se ha empapado la vida de Bethoven, la obra de Miguel Ángel y que ha vivido puerta con puerta con Elena Caro. El erudito en redes no te deja opinar. El erudito es el que determina si te puede gustar una túnica lisa o bordada, y él dice su criterio, litúrgico o el que le salga de la mandorla, y ese es el que vale. El erudito es el que dice que banda es la buena y cuál es la mala, cuál debe tocar en Sevilla y cuál no vale ni para un bando anunciador. Y lo que tú opines es digno de un analfabeto. El erudito se rodea de una corte de falsos eruditos que le aplauden para creerse alguien. El erudito es eso, un fenómeno de todo, pero a la vez de nada.

Los chuflas. En este grupo entra el que se sienta en el suelo y no te deja pasar. El que se queja por la sillita de los chinos pero luego estira las piernas sentado en un bordillo pegándole patadas a las capas de los nazarenos. El que se pone a silbar las marchas en tu oreja con el palio delante. El que abre el carrito de bebé en una bulla sin importarle que le caigan 80 kilos de peso muerto a su bebé encima. El que tira cáscaras de pipas al suelo mientras pasan penitentes descalzos. El que se mete por en medio de la fila. El que le pega codazos a los músicos sin importarle si les abre el labio. El que se pone a ver un paso mientras está hablando o con el vaso de Cruzcampo en la mano. Y un largo etcétera.

Los incompetentes. Aquí podríamos meter a todos esos señores que dirigen una institución y no son capaces de aprovechar la pandemia para solventar los problemas, y luego, cuando tengamos procesiones, dirán que no les ha dado tiempo. Los que se hacen llamar hermanos mayores pero no les preocupa más que sacar dinero pero eso de ayudar poquito. Los que se hacen llamar directores de bandas, pero a costa de desprestigiar el trabajo de los demás. Los que están en su trono y no ven las necesidades espirituales y materiales del pueblo.

En las cofradías sobran muchos “tontos de capirote” y faltan corazones de verdad. Falta la esencia de antaño. Yo sueño con volverla a encontrar. Quiero una Semana Santa de globos de Dora la Exploradora, de olor a “arvellanas” y de empujones, la prefiero, antes que una Semana Santa de contemplación, de oración, de silencio y de fustigarse por ver una cruz de guía en un altar. Todo eso y mucho más es lo que sobra en las cofradías.

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