Se instalará una cerámica conmemorativa en la calle Escoberos, cerca de la Basílica de la Macarena.

Hay obras que nacen para el papel y terminan conquistando las paredes de una ciudad. Eso es lo que ocurrirá con el revolucionario cartel que Manolo Cuervo pintó para la Hermandad de la Macarena en 2019. El Ayuntamiento de Sevilla ha anunciado que inmortalizará esta célebre creación en un gran azulejo cerámico que se instalará en la calle Escoberos, en pleno corazón del barrio y a un suspiro de la Basílica.
Este homenaje permanente se ha coordinado de forma exprés tras el doloroso fallecimiento del artista el pasado 2 de julio, a los 70 años, dejando un vacío inmenso en la cultura y el universo cofrade andaluz.
Un puente entre el ‘dripping’ y el azulejo tradicional
Llevar el universo de Manolo Cuervo a la cerámica es un reto fascinante. El cartel de la Macarena de 2019 no fue un retrato convencional; fue una sacudida estética que tendió puentes entre la fe viva y la modernidad.
La obra, concebida originalmente en acrílico, combinaba con maestría el pop art, el arte callejero y la estética de los carteles de los años 60 y 70. En ella, la fisionomía de la Virgen de la Esperanza convivía con guiños al expresionismo abstracto, flores psicodélicas y, sobre todo, con el icónico dripping —ese goteo libre y vertical de la pintura que se convirtió en la firma inconfundible del pintor—. El propio Cuervo recordaba con orgullo cómo había logrado plasmar su identidad artística sin desvirtuar la devoción universal de la imagen.
Una huella imborrable en la cartelería contemporánea
El azulejo de la calle Escoberos no solo recordará su vínculo con la Macarena, sino la trayectoria de un creador que redefinió la estética gráfica de la Sevilla contemporánea. De su estudio salieron obras ya míticas como:
- El rupturista cartel de la Semana Santa de Sevilla 2022.
- El cartel del 450 aniversario de la Hiniesta.
- Los trabajos para el II Congreso Internacional de Hermandades y la Misión de la Esperanza de Triana al Polígono Sur.
Con este proyecto, el goteo de pintura y el color vibrante de Manolo Cuervo esquivarán el paso del tiempo. Su vanguardia se fundirá con la cerámica sevillana, asegurando que su mirada rebelde y generosa siga formando parte del paisaje cotidiano de los macarenos.