El final de la precuaresma siempre es sinónimo de besamanos, de reina, a María Santísima de la Soledad en San Lorenzo, previo a sus cultos. Una de las Dolorosas más antiguas de Sevilla extendía su mano a los devotos que se acercaban a contemplarla en la belleza y la intimidad de su capilla. La cruz del paso procesional servía como telón de fondo.