Las bandas, olvidadas – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? ¿Os habéis preguntado en qué año estamos? Yo a veces creo, a ciencia exacta, que nos hemos montado en la máquina del tiempo de Doraemon y hemos vuelto a los treinta.

No sé por qué todavía, a pesar de todo lo sufrido, me sigo sorprendiendo de las cosas que sigo viendo, escuchando o leyendo. Una vez más, un nuevo sector de nuestras cofradías, en este caso las bandas, se ve perjudicado por una nefasta gestión gubernamental. Y sinceramente, no creo que haya que achacar las culpas a la pandemia, ya que otras actividades, como las manifestaciones, se han seguido celebrando sin problema alguno.

A mí me sorprende cómo se puede coger y aprovechar una pandemia para intentar manejar los hilos de las bandas, unos colectivos que llevan años trabajando por y para nuestras hermandades, en muchos casos de forma desinteresada, y haciendo una labor social encomiable que organizaciones públicas no han sido capaces de hacer años atrás.

Las bandas, salvo un breve compás de acción en octubre, llevan paradas un año. Un año en el que se han perdido los hábitos, la práctica y el núcleo de unión entre sus componentes. Un año en el que todo el trabajo que se había venido cosechando se ha tirado por tierra sin ton ni son. Evidentemente que con la incidencia del coronavirus tan elevada no podían retomar su actividad, pero lo sorprendente es que cuando estos resultados mejoraban paulatinamente, tampoco había una voz que afirmase que esto era posible.

Y luego llega el Consejo, al cual parece que solo le gusta actuar si saca interés y beneficio tras sus acciones, y mete más presión a las bandas con su maravilloso plan de los conciertos de Cuaresma 2021. Los chavales llevan meses sin coger una cornetas. Las bandas llevan meses sin ingresos, con los locales parados y abonando gastos. Y ahora estos señores se sacan de la manga que tienen que ofrecer conciertos en FIBES, el Parque Magallanes y vete tú a saber si no se inventan otro en Isla Mágica a los pies del Jaguar. Al menos, los pitos de las cornetas (fruto de la falta de ensayos) se camuflarían con los gritos despavoridos de dicha atracción infernal.

El caso es que el Consejo de Bandas se ve presionado por todos lados. El Ayuntamiento no cumple con los plazos, y éste a su vez echa la culpa a la Junta de Andalucía. Por otro lado, el Consejo les dice que necesitan a las bandas para ponerse la medallita en su programa de actos de Cuaresma, pero las bandas siguen sin ensayar. Al fin, y ya en el tercer fin de semana del tiempo cuaresmal, se llega a un acuerdo y les permiten ensayar, pero vaya en qué condiciones.

Aquí nos olvidamos que las bandas no son un trabajo remunerado, especialmente “las de Cristo”. Las bandas son colectivos que hacen un fin social, que aglutinan a personas de todas las edades y condición social, y por ende, con obligaciones personales. De ahí que me gustaría saber el genio que ha ideado que las bandas ensayen, en grupos reducidos y en plena calle. Pero claro, se suma a que tienen que ensayar en unos horarios anteriores a que comience el toque de queda, teniendo en cuenta además de que si ensayan por la tarde muchas personas, entre ellos sus responsables musicales, quizás estén trabajando. Osea, un auténtico desmadre todo. Así no se puede volver.

No se puede asegurar a las bandas que retomarán sus ensayos ahora a prisas y corriendo por tal de que el Consejo pueda cumplir los plazos. Yo no soy músico, de hecho no sé ni tocar la botella de anís con una cuchara en Navidad, pero sé tras esta actividad hay horas y horas de preparación. Unas horas que la pandemia les ha arrebatado y que sin duda no tienen para afrontar actos en los que se requiere cierta profesionalidad. Porque si ahora se desafina, ¿de quién es la culpa? ¿quién queda mal? Los de San Gregorio desde luego que no, porque las redes sociales rápidamente acabarían atacando a las propias bandas. Otra vez el poderoso caballero don dinero, y las bandas, las maltratadas.

Las bandas ya tienen bastante con sus problemas internos, como el suscitado entre el compositor Francisco Javier Torres Simón y la Banda de Cornetas y Tambores de las Cigarreras. Se ve que el autor busca el mero resquicio para poder demostrar sus discrepancias con la banda. “Soberana”, “Una palabra tuya” y “Lux Aeterna” son retiradas ahora del trabajo discográfico. Por la última me da pena, por la primera, serán muchas las personas que ahora contribuyan a que el disco sea más vendido si cabe. No se pierde nada. Por cierto, les recomiendo a ustedes el vídeo explicativo de Alberto Álvarez (Chirinbanda) con respecto a este asunto. El tío habla tan bien y lo explica tan bien, que es imposible parpadear y no decir al final: “Booom”. Pero bueno, en el fondo me alegro de estas polémicas en el mundo cofrade, síntoma tal vez de que existe vida más allá del Covid-19 y de que poco a poco, sin correr, vamos volviendo a una aparente normalidad.

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