Ser mujer en las cofradías de Sevilla – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Mira que llevamos domingos leyéndonos, pero nunca os he dicho cuál es mi sexo o identidad, y por el momento tampoco lo haré. Tampoco es algo importante, aunque parezca, en esta ciudad rancia y clasicista que sí.

Ser mujer en el 2021 aún sigue siendo bastante complicado. Ser mujer cofrade, más aún. Todavía se tienen que ver situaciones desagradables y fuera de contexto en nuestra vida diaria como que una chica, al volver sola de noche a casa, pase miedo. Que una chica pueda ser bombardeada a mensajes por las redes sociales por desconocidos, en muchos casos, mensajes subidos de tono. Que una mujer pueda ser minusvalorada en un puesto de trabajo por su sexo. Que una mujer más joven, aun siendo de tu nivel o estrato social, sea vista con compasión o con inferioridad. Que una mujer sea piropeada al pasar por una obra o por un grupo de hombres. Y me callo, porque he venido aquí a hablar de cofradías.

En las cofradías sigue pasando algo similar. Se ha logrado mucho, muchísimo. Hace años, las mujeres no podían vestir la túnica de muchísimas hermandades, y en 2011 (hace diez años), fue cuando se impuso desde Palacio que las últimas hermandades que aún se negaban fuesen permisivas con la inclusión de mujeres en sus filas. Mira que hemos tenido mujeres costaleras en María Auxiliadora de Jesús Obrero o en Santa Teresa del Carmen del Santo Ángel, pero aún sigue viéndose como algo extraño, puntual y que “no pega”. Si nos extraña ver aún a una mujer árbitra, jueza, conductora de Tussam o entrenadora de fútbol, ¿no nos va a extrañar verla de capataz?

La pregunta es, ¿hay suficientes mujeres para conformar una cuadrilla? Ustedes, los rancios, siempre achacarán al argumento de que la condición física de una mujer es infinitamente inferior que la de un hombre. ¿Eso es una razón de peso? Ustedes achacan a que no acuden mujeres a igualás de costaleros. ¿Hacen ustedes un llamamiento público? Porque no esperen que se presenten mujeres aisladas, sabiendo que los doscientos restantes son hombres y que se las va a descartar, a señalar con el dedo e incluso a ridiculizar. Porque ese es el problema, que el mundo del costal, sigue siendo un mundo de hombres, y un mundo realmente machista. Una mujer puede formar parte de una cuadrilla femenina, tal y como sucede en ciudades próximas como Granada o Jaén. El problema es cuando algunas propias mujeres aseguran que “no pegan”, que “es cosa de hombres” o que “los hombres deben ser los costaleros porque es más estético, llevan toda la vida o tienen más fuerza bruta”.

Es cierto que una mujer no puede meterse en una cuadrilla de hombres, pues debajo de un paso existen muchos roces físicos y se vivirían situaciones incómodas para unos y para otros. Las mentes de esta ciudad y de esta generación no están preparadas para ello. Pero, ¿por qué no una cuadrilla solo de ellas? ¿Por qué no se deja que una mujer pueda comandar un paso llevado por hombres? ¿No será que los propios costaleros, en algunos casos grupos algo cerrados de mente, podrían tal vez hacer un vacío a la mujer que estuviese al frente y se le perdiese el respeto? ¿Por qué el hijo de un capataz puede ponerse delante de un paso con 8 años, y no se le juzga, y si fuese una niña sí? El niño está cualificado y la niña no, ¿verdad? Absurdo.

La mujer en las cofradías parece aún relegada a un papel estético. Mujer de mantilla, mujer camarera, mujer bordadora, algún caso aislado de mujer vestidora…pero si no se trata de que algo esté bonito, la mujer no encaja. Gracias a Dios, hay mujeres acólitas (aunque no en todas las hermandades), hay mujeres pertigueras (aunque cuesta verlas), pero me falta ver a más mujeres “aguadoras” o mujeres directoras de bandas de cornetas y tambores y de agrupaciones musicales. Por fortuna, las bandas de palio son otro mundo, y en la Oliva de Salteras actualmente y en Cigarreras próximamente, el testigo lo tomarán mujeres. Y llama la atención que esto es noticia. Porque no sé cuántas veces se habrá entrevistado a la directora de la Oliva de Salteras más por el hecho de ser mujer que por el hecho de ser una gran profesional.

Faltan mujeres en cargos de responsabilidad. Faltan mujeres presidiendo el Consejo de Hermandades y Cofradías, que estoy seguro que mucho cambiaría y se eliminaría todo lo sobrante. Faltan mujeres al frente del Consejo de Bandas, del Mercantil, del Ateneo y del Ayuntamiento. Faltan mujeres hermanas mayores de penitencia. No les demos el caramelito de las glorias, porque no hay hermanos suficientes o porque son glorias, dejemos que sigan el camino de Maruja Vilches y se conviertan en hermandades de penitencia. Los medios son también grandes culpables de ello. No destaquen a Carmen Fuster por ser mujer, sino por su gran proyecto en San Benito. Sigue habiendo juntas de gobierno sin un solo nombre femenino en sus filas. Es cierto que se debe primar a la persona, no al sexo, pero llama la atención este hecho.

Y no sé si lo recordarán, pero hasta no hace mucho, había bandas señeras de nuestra ciudad, de estas que llevan a chavales grabando delante con teléfonos móviles, que no dejaban a las mujeres formar parte de sus filas. Por no hablar de los uniformes, que no entiendo cómo todavía existen bandas en las que los hombres llevan pantalón y las mujeres falda. Pero qué te puedes esperar si desde Palacio, en marzo de 2021, aún hay quien se niega a que haya mujeres acólitas en los oficios.

Esto imagino que es cuestión de tiempo, pero costará muchísimo acabar con los estigmas sociales de una Sevilla que lejos de modernizarse, si lo hace, es a golpe de imposiciones, no a golpe de corazón. Vivimos en una Sevilla cofrade rancia, ególatra y llena de telarañas, en las que dentro de querer pisarse unos a otros (en todos los ámbitos), aún existen discriminaciones por cuestiones económicas/sociales (hablaremos de ello otro día) y por supuesto por cuestiones de género.

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