¿Qué sociedad estamos construyendo? – Minion Capillita

Hola amig@s! ¿Qué tal? Muchos de vosotros, al principio, me infravalorabais por no ser de vuestra especie. Considerabais que era un sujeto extraño, sin sentimientos y por ello, vulnerable para ser cuestionado. Pero, ¿y vosotros, qué tenéis de perfectos?

Desde que empecé hace meses a exponer mi opinión dominical sobre diversos temas de índole cofrade, he tenido que ver como numerosas personas me atacaban e insultaban a través del medio de comunicación que me sirve como altavoz. Muchos de ellos, como es propio del ser humano del siglo XXI, mediante perfiles falsos y ocultándose tras un pseudónimo. Que si «nazareno de no se qué», que si «contrapunto» y otros usuarios que aprovechaban su vertedero social llamado Twitter para criticar mi opinión personal.

Me han llegado a insultar personas de hasta otras ciudades por cuestiones tan relevantes (entiéndase lo de relevante para los cofrades, que solo piensan en lo mismo), como hablar de bandas o de bordadores. Por expresar mi opinión sobre Pasión de Linares o Nazareno de Huelva, me llegaron a llamar ignorante, ombliguista e inculto, como si aquel que insulta tuviese un máster en solfeo. Me han llegado a criticar por defender a Santa Cecilia, a Redención, a Encarnación y a Virgen de los Reyes. Me han cuestionado y me han tachado de todo. Y sinceramente os digo, no me vais a callar.

El mundo cofrade no es más que una extensión de la lacra social que se está divulgando en todas las parcelas de nuestra vida. Hace poco más de una semana, un grupo de animales se vieron con la suficiente potestad de acabar con la vida de un chaval, de tan solo 24 años, solo por el simple hecho de que el cabecilla de la manada les incitase a ello. ¿El motivo? Tal vez robarle el móvil o que el líder se sintiese acobardado porque otro le plantó cara. Pero si nos mojamos, y nos saltamos eso de la presunción de inocencia, todo apunta a que se trata de un caso claro de homofobia.

No hay que irse tan lejos, como la Coruña. Váyanse ustedes a los vídeos que han estado dando vueltas estos días por Twitter el pasado fin de semana. Un grupo de anormales, porque no tienen otro nombre, van a buscar a unas personas que tan tranquilamente se encontraban en la Alameda con sus banderas, pancartas y símbolos LGTBI. Sin mediar palabra, se acercaron con banderas de España y les increparon con insultos varios. Insulto porque ellos dicen que son insultos, porque profesar ciertas expresiones en el siglo XXI, como si de un insulto se tratase, me parece ridículo. Falta mucha educación.

Pero es que esto se puede extrapolar a cualquier parcela, y también a la cofrade. Por Twitter, el estercolero más grande que existe, cualquiera se cree con la potestad de poder insultarte, increparte, citar tu tweet e intentar ridiculizarte por el simple hecho de tener un número concreto de seguidores y tener amiguitos de su calaña que le van a apoyar ponga lo que ponga. Curiosamente, cuando tienes un enfrentamiento con uno de estos sujetos, siempre saltan en su defensa los personajes en cuestión del mismo bando. Y da igual el tema, ellos entienden de todo; de bandas, de capataces, de estilo, de fotografía, de arte, de bordados, de comunicación, de liturgia…de todo, miarma. Pero oye, ahí están, tragando en Twitter toda la mañana en lugar de buscarse un quehacer.

Y fuera de las redes sociales, te encuentras esto también. Hermandades podridas, sí, sí, podridas por dentro. Juntas de gobierno que son más una peña flamenca, corruptela, actitudes incívicas y cierre de puertas para que hermanos rasos puedan hacer uso de las instalaciones que ellos, por el simple hecho de haber salido elegidos en las urnas, se han apropiado. Y aunque te vendan la moto de que eso es de todos, tú no vas a ir a tu hermandad para sentirte incómodo e increpado.

Me sobráis todos los que vais de enteristas rancios. Si tu opinión hubiese sido siempre a favor de la austeridad y que no se celebrasen procesiones, lo respetaría. Pero ahora, de la noche a la mañana, y por tal de bailarle el agua a Palacio, que me digas que no quieres culto público, que no es el momento ni ahora ni en años y otras perlas…permíteme que te diga que eres tonto.

Igual de tonto que el que, en medio de una bulla o en el autobús, se mete en la conversación que estás teniendo solo para pegarse el vacile de los conocimientos que tiene. Igual de tonto que el que critica las sillitas de los chinos y luego está tirado por los bordillos viendo pasar nazarenos de los Panaderos con un botellín y un paquete de anacardos. Eres igual de tonto que el engominado que se cree alguien por tener silla en la Carrera Oficial y se cree intocable, por lo que esto le da derecho a hablar mal a los nazarenos, pisarle la capa, empujarlo o hablarle como si fuese un trozo de estiércol.

Y luego, están los cobardes que, a pesar de tener un puesto privilegiado en un medio de comunicación, se esconden tras un pseudónimo y atacan a las hermandades. Pero siempre a las mismas hermandades. Ojalá fuese usted más valiente y diese la cara contra las hermandades grandes, y no siempre atacando a los mismo. Me sobran los que tienen mal perder, en un cabildo de elecciones o por cambiar una imagen. Me sobran los intolerantes y los que pierden la razón con erróneas expresiones para nada cristianas.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s